Monterrey, 27 de marzo del 2026
A los 25 años, Noelia Castillo recibió la asistencia para la eutanasia en la intimidad de su habitación, poniendo fin a una vida marcada por una discapacidad motriz del 74% y un profundo trastorno mental. Su fallecimiento ha impactado a España debido a su juventud y al historial de abusos sexuales, abandono y violencia que padeció.
Tras un intento de suicidio en 2022 que le dejó una lesión medular irreversible, Noelia describió su existencia como un entorno de oscuridad y tormento constante del que solo deseaba escapar en paz.
La joven enfrentó una batalla judicial de dos años contra su propia familia y la asociación Abogados Cristianos, quienes intentaron frenar el proceso. Sin embargo, el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo finalmente ratificó su derecho a decidir. El procedimiento médico siguió el protocolo estricto, utilizando fármacos como propofol y curare para asegurar un deceso indolente. Este caso se ajusta a la ley española, que ampara a quienes padecen un sufrimiento psíquico constante e intolerable sin posibilidad de mejoría.
Aunque el perfil de Noelia es atípico —pues la mayoría de los solicitantes en España superan los 60 años y sufren enfermedades oncológicas—, su situación de paraplejía y sus crisis paranoicas cumplían con los requisitos legales de sufrimiento intolerable. La Comisión de Garantía y Evaluación de Cataluña había autorizado su petición originalmente en julio de 2024, tras rigurosos análisis de expertos que confirmaron que sus limitaciones persistirían en el tiempo.
En su última entrevista, Noelia pidió empatía ante un dolor que la acompañó desde su infancia en centros tutelados hasta su reclusión en centros sociosanitarios. Su historia cierra un capítulo doloroso sobre la protección del patrimonio emocional y físico de una persona, dejando un precedente sobre la aplicación de la prestación de ayuda para morir en casos de salud mental y trauma complejo.













