A través de redes sociales y medios de comunicación alternativos el mundo ha podido conocer la otra narrativa de lo que ocurre. Los corporativos del panóptico globalista, cada día más desprestigiados, se aferran a señalar que lo que ocurre en Palestina es una guerra, que lo que ocurre en Los Angeles son atentados a la paz pública y que el nuevo dictador en el sur global es Ibrahim Traoré.
Con audiencias cada día más escasas, optaron por la narrativa más cínica y aún se preguntan por su fracaso en materia de difusión, aceptación, credibilidad y popularidad; no obstante, gracias a esfuerzos de la prensa libre y ciudadanos que publican sus propias versiones en redes, podemos saber que lo que ocurre en Palestina es un genocidio, lo de Los Angeles se llama protesta y el jefe de Estado de Burkina Faso lucha contra el peso de la historia colonial en África.
Ahora, aislados y con un coro de bots contratados que les aplauden sus mentiras, medios como CNN, Fox News, Azteca Noticias o LatinUS optan por elevar el tono del discurso. Ahora, con una escalada significativa en la violencia ejercida (de manera “preventiva”) por parte de Israel, los medios tomaron partido y buscan ahogar las otras narrativas con la vieja letanía de los perseguidos y de las víctimas eternas, pero no les funciona. No legitiman nada.
Con esto en cuenta, no dejo de pensar en los escenarios posibles ahora que Irán se defiende. El futuro se advierte más convulso que nunca y es cuando los medios de comunicación y comunicadores debemos ser más responsables y éticos. El lenguaje, por ejemplo, es importantísimo para enmarcar lo que se pretende comunicar, en consecuencia, debe usarse puntualmente para (d)escribir el mundo y que la audiencia se pueda acercar un poco más a lo que ocurre a su alrededor.
Por eso, la óptica global no debe salir de Gaza ni la Casa Blanca. La primera, porque los recientes “ataques preventivos” de Israel contra Irán evidencian una estrategia multifuncional para el sionismo que, por un lado, busca tensionar más la cuerda de Oriente Medio, arrastrar a EEUU a un conflicto que esperaba evitar, “blindar” a Netanyahu (porque su gobierno se sostiene en alfileres) y, lo más importante, quitar (o al menos reducir) los ojos que observan el genocidio más connotado de este siglo. El segundo, porque la agenda KKK estadounidense, con su complejo industrial militar, posee la capacidad de cambiar el equilibrio global actual y, aunque cueste reconocerlo, de escalar las agresiones a una guerra con otras potencias como Rusia o China.
Se debe estar atento, con madurez y sobriedad ante las posiciones de los países del mundo, conocer sus capacidades bélicas, entender sus retóricas políticas, impulsos ideológicos y, con base en ello, buscar espacios de condena a los tiranos y genocidas. Pensar que se trata de un choque de buenos contra malos es reducir la capacidad de análisis de un fenómeno tan complejo, pero no fijar postura lleva a la indecisión y ésta conduce a la parálisis: el terreno favorito para que avance el facismo. Ese es el poder de la ética en los medios, pero las grandes cadenas deciden activamente ignorarla, por eso la importancia de buscar otros espacios de comunicación. En el mejor de los casos, el futuro pinta gris.
Por: Joshua Hernández









