Como si estuviéramos atrapados en los peores vicios del pasado legislativo, algunos actores políticos siguen creyendo que hacer política es hacer berrinche. La ausencia de los diputados federales del PAN a la reunión convocada por el Secretario General de Gobierno no fue sólo una descortesía institucional: fue una demostración de inmadurez política y de una desconexión preocupante con el deber para el cual fueron electos.
Porque no se trataba de un café entre colegas ni de una foto para redes sociales. Se trataba de hablar del futuro de Nuevo León, de discutir asuntos relevantes para el Estado, de hacer su trabajo. Rechazar el diálogo es darle la espalda a la ciudadanía, esa misma que tanto dicen representar cuando se suben a la tribuna a exigir apertura, consensos y transparencia. ¿Qué pasó con esa bandera? ¿Ahora que sí hay disposición al diálogo… se incomodan?
El contraste es revelador. Mientras el alcalde priista de Monterrey, Adrián de la Garza, acudía con civilidad y madurez a un acto conjunto con el gobernador Samuel García, sus compañeros de partido prefirieron ausentarse. ¿Dónde quedó la coherencia? ¿Cuál es el mensaje que mandan?
Los legisladores que sí asistieron —de Morena, PT, PVEM, Movimiento Ciudadano e incluso del PRI— entendieron que hoy más que nunca se requieren puentes, no trincheras. Que el trabajo por Nuevo León está por encima de las rencillas personales y de las estrategias electorales anticipadas.
La gobernabilidad no puede estar sujeta al berrinche de unos cuantos. Mientras algunos se quedan con los brazos cruzados esperando a que el conflicto les dé réditos, otros están construyendo. Y eso, créanme, la gente lo nota.










