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(D)escribo – Calificadoras & Crisis Services inc.

Desde hace varios años, los medios mexicanos dan voz a las tres principales calificadoras occidentales: Moody’s Investors Service (EEUU), Standard & Poor’s (EEUU) y Fitch Ratings (EEUU/Reino Unido), especial y dogmáticamente cuando se trata de las evaluaciones que emiten sobre Petróleos Mexicanos (Pemex); sin embargo, ¿qué tan fiable son las calificadoras y sus especulaciones? 

Desde un punto de vista meramente neoliberal, las calificadoras son incuestionables; asimismo, los medios tradicionales no suelen contrastar sus evaluaciones con otras calificadoras como China Chengxin Credit Rating y, mucho menos, entrarle a un análisis profundo de los argumentos que están detrás de las calificaciones que emiten, en consecuencia, se genera una narrativa absolutista sobre los pronósticos que propagan en sus informes.

Sin embargo, es pertinente recordar que las tres calificadoras occidentales, por motivos de conflicto de interés, no advirtieron la crisis económica de 2008; es decir, por un plan diseñado e implementado a la perfección por estas empresas, los grupos afectados nunca tuvieron las herramientas necesarias para tomar medidas precautorias con una de las más grandes crisis globales respecto a la materia en la que debían prevenir al público.

Los bonos que las calificadoras evaluaron incorrectamente y que fueron fundamentales para la crisis financiera de 2008 fueron los bonos respaldados por hipotecas de alto riesgo.

Por ejemplo, los Mortgage-Backed Securities (MBS) fueron calificados como AAA y AA (de las calificaciones más altas que pueden otorgar) por Moody’s, S&P y Fitch, ello aun cuando incluían muchas hipotecas subprime o de alto riesgo, ¿por qué? Porque cobraban (y cobraban caro) de los mismos bancos que creaban estos productos, es decir, los bancos pagaban por buenas calificaciones (conflicto de interés).

También mostraron ser incompetentes, ya que subestimaron el riesgo de impago masivo y asumieron que los precios de las viviendas se mantendrían al alza. Y con este cóctel molotov en el mercado (una peligrosa mezcla de corrupción e incompetencia), en 2008 ocurrió lo inevitable: la ruptura de la burbuja especulativa en materia de vivienda en Estados Unidos (EEUU) y el desencadenamiento de una de las peores crisis económicas en décadas.

Junto con la crisis, vino la quiebra de gigantes como Lehman Brothers o AIG (ésta fue rescatada por el gobierno estadounidense, algo así como el FOBAPROA de los mexicanos); sin embargo, lo más lamentable fue el desalojo de alrededor de 10 millones de hogares tan sólo en EEUU, pues los intereses aplicados a inmuebles se dispararon, generando hipotecas impagables y millones de personas sin hogar.

En América Latina también hubo consecuencias en crecimiento, comercio y flujos de capital, pues la contracción de la economía global inhibió las exportaciones de diferentes materias primas. Particularmente en México impactó en el petróleo y las remesas (que bajaron un 15% si se compara 2009 con 2008).

No obstante, Moody’s, S&P y Fitch siguen dictando la norma sobre lo que está bien o está mal y, en el caso de Pemex, que está calificada con BBB, parece que no hay especulaciones favorables para los próximos meses. ¿Será que la paraestatal debe darle dinero a las calificadoras para que mejore su calificación? o ¿será hora de que dejemos de pensarlas como monolitos a prueba de críticas?.

Por: Joshua Hernández.

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