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(D)escribo – «Adán Augusto, Xóchitl y Calderón sabían».

La oposición política constantemente asume posiciones cotnradictorias. Por ejemplo, con tal de sacar tajada política, aseguran que Adán Augusto sabía lo de Hernán Bermúdez y La Barredora, pero defienden a Felipe Calderón y a Xóchitl Gálvez cuando Genaro García Luna o Malinali Gálvez salen a la conversación.

En consecuencia, Alito Moreno, Jorge Romero y sus copartidarios arrastran a los medios leales al PRIAN a sus narrativas que poco abonan a la discusión pública. Por su cuenta, voces como la de Gerardo Fernández Noroña salen a minimizar lo ocurrido en Tabasco: «¿Quién ha oído hablar de La Barredora?», cuestiona el presidente del Senado de la República durante una conferencia de prensa.

Con esto en mente, una pregunta es ¿son todos iguales?

Yo sostengo que no. Debemos de observar las diferencias que existen en los tres casos y, con base en ello, llegar a nuestras propias conclusiones.

En primer nivel, debemos destacar lo que hay antes y durante la cometida de delitos. Por ejemplo, ni Genaro ni Malinali estaban afiliados al Partido Acción Nacional, mientras que Hernán sí era miembro de Movimiento Regeneración Nacional.

En un segundo nivel, debemos de considerar el lugar desde dónde se ejercían los delitos señalados. Al respecto, Malinali cometía sus crímenes sin estar al amparo del poder, mientras que Genaro y (prsuntamente) Hernán sí.

Ahora, con los señalamientos expuestos, ¿qué diferencias encontramos? Pues cuando a Felipe Calderón le avisaron sobre García Luna, él opotó por mirar a otro lado; cuando Malinali fue detenida, Xóchitl se deslindó de ella y, años después, quiso ser presidenta. Por su cuenta, Adán Augusto dijo que está listo para hacerle frente a las investigaciones; sin embargo, no renuncia a su fuero ni a su cargo como presidente de la Jutna de Coordinación Política en el Senado de la República.

Asimismo, Morena retiró a Hernán sus derechos como militante del partido y las autoridades continúan buscándolo. De hecho, se emitió la ficha de búsqueda del exfuncionario por parte de la Interpol. Y todo esto ocurre mientras el ojo racista de Estados Unidos observa.

Entonces, con la discusión opositora superada, entra el raciocinio ciudadano: ¿qué podemos hacer? Castigar con el voto. Morena debe entender que es un partido más y que, como tal, está sujeto al beneplácito del soberano y, si promueve prácticas que saben, huelen y se ven como las del PRIAN, su destino será el mismo. Esto quiere decir que si Morena y el gobierno en turno no hacen lo que prometieron hacer, el desencanto del pueblo los ubicará en donde deben.

Por Joshua Hernández.

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