En una conferencia de enero de 2020, el presidente Andrés Manuel López Obrador anticipó que las aduanas mexicanas serían tomadas bajo control militar. Alegó que había evidencia de corrupción en la administración de los puertos y solicitó al almirante José Rafael Ojeda Durán encargarse del asunto. Sin embargo, esta decisión se vio opacada por el descubrimiento de una red de contrabando de combustible liderada por altos militares familiares de Ojeda Durán, lo que dañó la reputación del gobierno y de las fuerzas armadas.
Pocos meses después, el control de las aduanas fue oficialmente entregado al Ejército y la Marina, bajo el argumento de que su honestidad y eficiencia eran mayores que las autoridades civiles. Pero esta confianza resultó equivocada, ya que una crisis de corrupción y criminalidad se desató, poniendo en entredicho la capacidad de las fuerzas armadas para desempeñar funciones civiles.
Expertos como Manuel Balcázar explican que el problema era complejo y que la solución de simplemente poner soldados a cargo ignoraba la realidad de que las fuerzas armadas no estaban preparadas para este tipo de tarea y no se les había dado antes la oportunidad de corromperse. La experiencia reciente demostró que la Marina y el Ejército enfrentaron serias dificultades y, en lugar de mejorar, las aduanas se convirtieron en un foco de corrupción donde militares, funcionarios y empresarios ligados al crimen organizado operaban una red criminal para contrabandear combustible.
Desde la creación del Servicio de Administración Tributaria en 1997, la gestión de aduanas ha cambiado varias veces, hasta que en 2022 se creó la Agencia Nacional de Aduanas de México. Actualmente, más de 5,000 militares trabajan en las aduanas, pero la falta de experiencia técnica y el choque cultural con el personal civil han generado retrasos y problemas en la operación.
La conclusión es clara: la militarización de las aduanas, basada en la idea de que los militares son incorruptibles, fue una apuesta fallida. La falta de preparación y la corrupción interna han provocado una crisis grave que amenaza la confianza que la población mexicana tiene en sus fuerzas armadas.













