Monterrey, 24 de noviembre del 2025
En septiembre, el gobierno de Donald Trump afirmó haber detenido a 171 presuntos miembros del cártel de Sinaloa operando en el noreste de Estados Unidos. Pocas semanas después, insistió en que ningún ciudadano estadounidense es arrestado en operativos contra migrantes, mientras la Casa Blanca difunde videos de supuestos enfrentamientos en Washington.
Todos estos señalamientos, ampliamente difundidos por medios en Estados Unidos y el mundo, tienen un punto en común: son falsos. Sin embargo, cuando la falsedad queda expuesta, la corrección rara vez recibe la misma atención, lo que convierte esta estrategia en un mecanismo de propaganda extremadamente eficaz.
Los medios que no forman parte del aparato oficial, sin proponérselo, terminan amplificando estas narrativas al reportarlas con el mismo peso que la información real, ayudando sin querer a legitimar las políticas de la administración Trump. La abrumadora cantidad de declaraciones engañosas o absurdas dificulta que los periodistas decidan qué cubrir y cómo hacerlo.
Un ejemplo reciente es la afirmación de Trump de que su gobierno suspendió “regalías” por 2.5 millones de dólares anuales al expresidente Barack Obama, algo que periodistas como Jake Tapper calificaron de completamente falso. Estas declaraciones suelen servir como distracciones o como apoyo a narrativas sobre amenazas internas y externas que buscan justificar medidas antimigrantes.
La supuesta detención de 171 miembros del cártel de Sinaloa fue reportada inicialmente como un gran golpe contra el crimen organizado. Sin embargo, una investigación del Boston Globe reveló que la DEA caracterizó erróneamente a los detenidos: la mayoría eran consumidores, vendedores minoristas o ladrones de tiendas. La agencia no pudo aportar evidencia que respaldara su versión.
Otro caso se dio cuando la secretaria de Seguridad Interna, Kristi Noem, afirmó que ningún estadounidense había sido arrestado en redadas contra migrantes; al día siguiente, ProPublica publicó una lista con 170 residentes legales detenidos, incluidos menores de edad.
La Casa Blanca también ha difundido videos manipulados para mostrar supuestos operativos exitosos en Washington, aunque un análisis del Washington Post encontró que varias escenas fueron grabadas en Florida o Massachusetts. Medios como la BBC y ProPublica han documentado múltiples episodios donde autoridades mintieron sobre operativos, ataques o detenciones, incluso casos de uso excesivo de fuerza contra ciudadanos afroestadounidenses.
Aun así, la administración Trump nunca corrige sus afirmaciones y continúa impulsando nuevas versiones que medios tradicionales terminan replicando. En este entorno, la construcción de una narrativa oficial ajena a los hechos se ha intensificado como nunca antes. Como advirtió el periodista I. F. Stone:
“Todo gobierno miente, pero el desastre llega cuando sus propios funcionarios creen sus mentiras”, una lección especialmente relevante en la era Trump.













