Monterrey, 16 de Diciembre del 2025
Detener el genocidio lingüístico que enfrentan los pueblos originarios no debe entenderse como una figura retórica ni como un tema del pasado, sino como una necesidad inmediata y vigente, sostuvo el lingüista y activista Gonzalo Isidro Bruno. Desde hace más de treinta años, su trayectoria académica y comunitaria se ha enfocado en el estudio, la enseñanza y la defensa del plurilingüismo como una vía esencial para la justicia social y cultural.
“Hay genocidios que no concluyen nunca, sino que se prolongan en el tiempo”, afirmó Isidro Bruno (Ciudad de México, 1966) en entrevista con La Jornada. Con esta idea alude al concepto de genocidio perpetuo, propuesto por el politólogo Gerald Roche, el cual permite entender cómo ciertas violencias históricas continúan reproduciéndose y afectando de manera directa a los pueblos indígenas en la actualidad.
Según el lingüista, este enfoque ayuda a comprender la situación crítica de las lenguas originarias no sólo en México, sino también en otros contextos atravesados por el colonialismo. Recordó el caso de Hawai, donde vivió durante doce años y realizó parte de su formación académica, como un ejemplo claro de cómo una lengua puede ser desplazada, pero también revitalizada mediante procesos comunitarios sostenidos.
En ese contexto, Isidro Bruno participará del 18 al 21 de diciembre en el Congreso del Tu’un Savi, que se llevará a cabo en el auditorio municipal de Santa María Chigmecatitlán, Puebla. Asimismo, el viernes 19 integrará el primer Foro Lingüístico de la Mixteca Poblana, en San Jerónimo Xayacatlán. En ambos espacios colaborará en mesas de trabajo dedicadas a la normalización de la escritura, la educación en lengua materna y el fortalecimiento de los vínculos comunitarios.
El también escritor se reconoce como hombre ñuu savi, perteneciente al pueblo tu’un savi (mixteco), con profundas raíces familiares en la región mixteca. Estudió la licenciatura en didáctica de letras inglesas en la Universidad Nacional Autónoma de México y, impulsado por su interés en los idiomas y por la experiencia migratoria de su comunidad, emigró a Estados Unidos en 1992.
En ese país trabajó como docente de inglés y español, realizó una maestría y obtuvo el doctorado en la Universidad de Indiana. Posteriormente ocupó cargos como director académico y profesor en diversas instituciones educativas de carácter internacional.
Su estancia en Hawai representó un punto de inflexión en su pensamiento. Allí, explicó, vivió de manera cotidiana la experiencia de una lengua desplazada y estudió uno de los procesos de revitalización lingüística más exitosos a nivel mundial. Desde los llamados “nidos lingüísticos”, impulsados por familias y comunidades, hasta la consolidación de escuelas y programas universitarios en lengua hawaiana, constató que la recuperación de una lengua es posible cuando existe voluntad política y control comunitario.
Esta vivencia contrasta fuertemente con su crítica a las políticas lingüísticas implementadas en México. A su juicio, la educación bilingüe intercultural ha operado, en muchos casos, como un mecanismo de castellanización que margina a las lenguas originarias en lugar de fortalecerlas.
“Con frecuencia se justifica la exclusión de las lenguas maternas en nombre del progreso o del empleo, cuando diversas investigaciones demuestran que una alfabetización sólida en la lengua originaria facilita y potencia el aprendizaje de segundas y terceras lenguas”, señaló.
Más allá del ámbito académico, Isidro Bruno subrayó la necesidad de impulsar acciones legales y comunitarias. Recordó que tanto la Declaración Universal de Derechos Lingüísticos como la legislación mexicana reconocen el derecho de los pueblos indígenas a recibir educación en su lengua materna, aunque en la práctica dicho derecho rara vez se cumple.
“Exigir la aplicación de estos derechos, incluso mediante recursos legales, es un reto colectivo que debe surgir desde las propias comunidades”, afirmó.
Finalmente, destacó que tras más de tres décadas en el extranjero ha retomado con mayor fuerza su trabajo directo con pueblos indígenas. Su objetivo es fortalecer el plurilingüismo a través de la educación, las políticas públicas y la participación comunitaria. En lugares como California, por ejemplo, asesora a comunidades mixtecas migrantes para que sus hijos puedan aprender tanto en su lengua materna como en inglés, sin perder su identidad cultural ni su vínculo con el territorio de origen.













