Monterrey, 02 de enero del 2026
Shadi Abed, refugiado palestino que vive en México desde 2019, habló en entrevista sobre las difíciles condiciones que enfrenta su familia desde que llegó al país.
Cuando se le pregunta sobre la situación actual de sus familiares, Shadi explica que, gracias a Dios, ya están todos en México: diez adultos y ocho niños llegaron el 25 de mayo de 2025. Expresa su enorme gratitud al colectivo De Gaza a México, que los ayudó a salvar sus vidas. Sin embargo, la integración ha sido complicada. Sus hermanos y sus esposas no hablan español, por lo que meses atrás comenzaron a vender alimentos para sostenerse. Su hermano Fadi ya ofrece comida diariamente en el centro de Tlalpan. Shadi señala que este trabajo ha sido una forma de establecer una base económica para su familia, aunque aún es difícil adaptarse. La falta de conocimiento del idioma y de costumbres locales, como usar el Metro, limita sus posibilidades de empleo formal, y el trauma del genocidio que vivieron sigue presente en su vida diaria. Por eso recurren a la cocina de Casa Refugiados Ceahpaz para poder generar ingresos y mantenerse.
Shadi recalca que su familia llegó a México sin nada y que, aunque él cuenta con un negocio de café y ayuda económicamente a su madre y hermanas, la responsabilidad es abrumadora: “La familia Abed se constituye en tres núcleos, ¡no puedo solo con tanta responsabilidad!”, enfatiza.
A pesar de que los asesinatos y la violencia quedaron a 12 mil kilómetros, la familia sigue pendiente de lo que ocurre en Palestina, donde algunos de sus seres queridos permanecen. Desde México, observan día a día las noticias sobre el genocidio en curso, un conflicto que ninguna autoridad mundial ha detenido.
Shadi denuncia además el trato recibido en la Casa Refugiados Ceahpaz, señalando a Miguel Solórzano, un trabajador del lugar. Según él, el refugio limita el uso de la cocina: sólo se permite preparar alimentos para quienes viven ahí, y el apoyo que se brinda es insuficiente. Relata que los insumos alimenticios entregados fueron mínimos y solo durante el primer mes, por ejemplo, un hermano con cinco hijos recibió apenas un par de vegetales. La familia tampoco ha recibido ropa a través del refugio; lo que han conseguido proviene de redes sociales.
Shadi describe que el refugio no cubre necesidades básicas: su familia paga 2,500 pesos al mes por el gas para cocinar y se bañan con agua fría, mientras que otros reciben más facilidades. Además, denuncia que se les intenta expulsar con amenazas de parte de Miguel Solórzano, quien incluso le habría dicho a su hermano Fadi: “¡Te voy a sacar de aquí!”. Esta situación genera miedo y frustración, especialmente para los niños, quienes no pueden jugar libremente.
A pesar de todo, Shadi asegura que su familia no busca conflictos, sólo quiere trabajar y vivir en paz. Hace un llamado a la sociedad para que vea por sí misma las condiciones que enfrentan en el refugio y la injusticia del trato que reciben.













