Por: Joshua Hernández
En política no existe un término similar a la palabra “amigo”; lo más cercano a ello puede ser “aliado” y la fortaleza de las alianzas se sustenta en la utilidad de las mismas. En otras palabras, en política no hay amigos, sólo intereses y herramientas para conseguirlos. La invasión a Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro dan muestra de ello.
La aparente cercanía de Venezuela con Rusia y China, así como su coqueteo para entrar a los BRICS se presentaban como elementos disuasorios ante el expansionismo de Donald Trump. De alguna manera, parecía que el gobierno de Nicolás Maduro, era “amigo” del de Vladimir Putin y Xi Jinping; sin embargo, le dieron la espalda. La indiferencia de estas dos potencias ante la violación de la soberanía venezolana indica una cosa: la invasión a Caracas se negoció y pactó entre Beijing, Moscú y Washington, si no, ¿de qué otra manera EEUU se atrevería a hacer lo que hizo sin esperar algún tipo de consecuencia?
En esa óptica, y además de condenar el ataque a Venezuela, esta columna plantea las preguntas obvias: ¿qué negociaron? y ¿qué es lo que sigue?
De manera inmediata, Trump adelantó que mantendrá presencia militar en territorio venezolano hasta que no se instaure un gobierno conveniente a los intereses petroleros de EEUU; asimismo, señaló que Colombia, Cuba y México siguen entre sus objetivos a corto y mediano plazo. Pero ¿qué hay de China y Rusia?
Por un lado, la invasión militar estadounidense ocurrió horas después del encuentro entre Qiu Xiaoqi (representante especial del presidente Xi Jinping para Asuntos de América Latina y el Caribe) y Nicolás Maduro y, después del ataque, se señaló que los intereses chinos en Venezuela permanecerán intactos.
Por el otro lado, la invasión a Venezuela coincide (ya sabemos que en estos fenómenos nada es coincidencia) con un atentado etiquetado como “terrorista” contra una de las residencias oficiales de Vladimir Putin (¿se fijan cómo la palabra terrorista se comienza a propagar más allá de las fronteras de EEUU?), a al cual, el gobierno en Moscú dijo que responderá. Lo cual se traduce en que irán por Volodímir Zelenski sin que nadie los detenga, esto incluye a la dicotomía EEUU-OTAN.
Es en este contexto donde se puede afirmar que ya todo se vale. Las tres grandes potencias mundiales pactaron su coexistencia a bace de invasiones y saqueos en sus zonas de influencia inmediata, sólo falta ver qué ocurre con Taiwán.
Cierro con una lectura adicional, que no contradice a la anterior, sino que la posiciona en América Latina: hay tanto petróleo, oro y tierras raras en Venezuela que los tres grandes no ven la necesidad de confrontarse. Más vale un mal trato que una buena pelea.
Lo siento mucho por Venezuela y su pueblo; lo siento mucho por América Latina y, a menos de que en los próximos meses exista algún elemento fáctico que haga recular a Estados Unidos, lo sentiré mucho más cuando ocurra en México.













