Ciudad de México, 6 de enero del 2026
Investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) alertan que el polvo en los hogares mexicanos contiene niveles de contaminación significativamente más altos que en otras regiones del mundo, como Reino Unido, España, Corea del Sur y Nueva York. Especialistas del Laboratorio Universitario de Geofísica Ambiental (LUGA), Francisco Bautista Zúñiga y Avtandil Gogichaishvili, explicaron que mantener limpias las casas es fundamental para proteger la salud de sus habitantes, especialmente de niñas, niños y bebés, quienes presentan mayor contacto dérmico con el polvo.
El estudio se llevó a cabo en 14 entidades del país, con un enfoque particular en Morelia y la Ciudad de México. Los científicos analizaron no solo el polvo urbano y ambiental de calles y hojas de árboles, sino también el presente en el interior de los inmuebles, algo poco común en investigaciones de este tipo. Los resultados, publicados en la revista Indoor Air, revelan concentraciones elevadas de metales pesados dentro de las casas, superando incluso las registradas en el exterior.
Por ejemplo, en exteriores se detectaron 866 mg/kg de manganeso, 49 de níquel, 116 de cobre, 527 de zinc, 28 de antimonio y 118 de plomo. Dentro de los hogares, las cifras fueron más altas en varios casos: manganeso (680 mg/kg), níquel (62), cobre (386), zinc (1221), antimonio (30) y plomo (213). Bautista Zúñiga destacó que los resultados sorprendieron al equipo, ya que se esperaba que los espacios interiores tuvieran menor contaminación. Señaló que actividades cotidianas como cocinar, limpiar y el desgaste de paredes, muebles y pintura contribuyen a aumentar la presencia de polvo tóxico dentro de las viviendas.
Entre los metales detectados, el cadmio y el arsénico provienen de barnices aplicados a la madera, mientras que el antimonio, presente por el deterioro de plásticos, puede afectar el sistema endócrino. La exposición ocurre por vía oral, respiratoria o dérmica, siendo los más vulnerables los menores de edad. Además, el uso de gas para la cocción de alimentos en México genera partículas magnéticas como la magnetita, que se suman al riesgo ambiental.
Gogichaishvili explicó que el equipo también estudió los efectos de estos contaminantes en órganos de laboratorio y analizó propiedades magnéticas en cerebros humanos, complementando la información sobre exposición y toxicidad. Los análisis comparativos indican que el polvo mexicano, particularmente en la Ciudad de México, es tres veces más contaminante que en varias ciudades del Reino Unido, consolidando al país como líder mundial en toxicidad del polvo urbano.
Los expertos recomendaron medidas preventivas: limpiar constantemente los hogares, mantener paredes y muebles en buen estado, colocar plantas en ventanas para retener partículas contaminantes y limpiar cortinas regularmente. También sugieren adoptar prácticas como quitarse los zapatos al entrar a la vivienda para reducir la entrada de polvo externo. Estas estrategias, explicaron, son esenciales para minimizar la exposición a metales pesados y proteger la salud de los habitantes.
En conclusión, el estudio destaca la importancia de la higiene en interiores como barrera frente a contaminantes ambientales y subraya que, aunque la exposición al polvo es inevitable, la prevención puede reducir significativamente sus riesgos.













