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La ciencia, el colonialismo y la voz silenciada de los pueblos originarios 

Ciudad de México, 7 de enero del 2026

La novela El sonido del rugido de la onza, de la escritora brasileña Micheliny Verunschk, plantea una reflexión profunda sobre la ciencia, el colonialismo y sus consecuencias humanas a partir de un episodio histórico poco conocido: el traslado forzado de niños indígenas amazónicos a Europa en el siglo XIX para ser utilizados como objetos de estudio científico. Durante su visita a México para presentar la obra, publicada por Elefanta Editorial, la autora explicó que el libro surge de una inquietud ética ante una ciencia que, aunque se concibe a sí misma como benéfica, ha sido históricamente utilizada para justificar prácticas violentas.

Verunschk relató que los naturalistas alemanes Johann Baptist von Spix y Carl Friedrich von Martius llevaron a varios niños indígenas a Europa en 1820, arrancándolos de sus comunidades y familias. Aunque no fueron exhibidos en zoológicos humanos, eran observados como rarezas exóticas. Finalmente, solo un niño y una niña llegaron a Múnich, donde murieron pocos meses después, presuntamente por el frío y las condiciones adversas. La autora subrayó que se trató de un secuestro legitimado por el discurso científico de la época.

La novela contrapone el saber indígena amazónico con la visión grandilocuente y jerárquica del colonialismo europeo, al tiempo que desarrolla una segunda línea narrativa situada en el Brasil contemporáneo. Esta estructura permite establecer un diálogo entre pasado y presente sobre el despojo cultural, la identidad y el silenciamiento histórico. El sonido del rugido de la onza fue reconocida con el Premio Jabuti, el galardón literario más importante de Brasil.

Verunschk, también historiadora, afirmó que la ciencia no es neutral y siempre responde a una agenda política. Si bien aclaró que no considera a la ciencia como algo negativo en sí mismo, insistió en la necesidad de descolonizarla y de cuestionar su pretensión de universalidad totalizante. Para la autora, una ciencia verdaderamente universal debería ser más compasiva, incluyente y consciente de que el mundo es compartido con otros seres vivos, no solo con los humanos.

Uno de los ejes más dolorosos del caso histórico que inspira la novela es el borramiento de las voces de los niños. La niña hablaba la lengua miranha y el niño, juri; no podían comunicarse entre sí ni con quienes los rodeaban. Fueron tratados como casos de estudio, no como personas, lo que derivó en un proceso de deshumanización que culminó en su muerte.

La segunda trama del libro está protagonizada por una mujer que migra del norte de Brasil a São Paulo y enfrenta una crisis identitaria. Verunschk la concibe como una metáfora del brasileño que conoce y valora sus raíces europeas, pero desconoce o rechaza sus orígenes indígenas. Este conflicto solo se resuelve cuando la protagonista se ve reflejada en la historia de la niña indígena, al tomar distancia de su país y observarlo en perspectiva.

El título de la novela remite a la onza o jaguar, figura central en numerosas cosmologías indígenas del continente. Para la autora, este felino simboliza la rebeldía, la insumisión y una forma de venganza histórica. La onza representa a un continente que resiste y se defiende frente a quienes buscan someterlo, convirtiéndose en un poderoso emblema de memoria, dignidad y resistencia.

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