Monterrey, 21 de enero del 2026
En una unidad de cuidados intensivos del hospital regional de Herat, en el oeste de Afganistán, Najiba, una joven madre de 24 años, vela día y noche a su hijo Artiya, uno de los casi cuatro millones de niños que podrían morir por desnutrición infantil en el país. Su historia refleja una crisis humanitaria que se agrava año con año y que golpea con mayor fuerza a las familias más pobres.
Najiba llegó al hospital tras semanas de desesperación. Su bebé fue ingresado de urgencia en el centro nutricional terapéutico que Médicos Sin Fronteras (MSF) apoya dentro del sistema público de salud. Allí, entre dibujos coloridos que intentan aliviar el ambiente, decenas de niños luchan por sobrevivir mientras sus madres reciben apoyo psicológico ante la imposibilidad de alimentarlos adecuadamente.
De acuerdo con el Programa Mundial de Alimentos (PMA), Afganistán registró en 2025 el mayor aumento de desnutrición infantil desde principios de siglo, una tendencia que continuará en 2026, cuando casi cuatro millones de menores requerirán tratamiento urgente. Sin atención, advierten, miles podrían morir.
Desde el regreso del régimen talibán en 2021, la situación económica de las familias se ha deteriorado por la reducción de la ayuda internacional, la sequía y el retorno forzado de millones de afganos desde Irán y Pakistán. Muchas mujeres han sacrificado su propia salud y alimentación para intentar salvar a sus hijos.
En el caso de Najiba, una neumonía y una malformación cardíaca agravaron el estado de su bebé. El desgaste físico y emocional le impidió seguir amamantando, lo que aceleró la desnutrición. Como ella, cientos de madres llegan cada mes al hospital de Herat, donde MSF atiende en promedio 315 a 320 niños desnutridos.
Además del tratamiento con alimentos terapéuticos, el personal médico capacita a las madres en lactancia materna, clave para prevenir recaídas. Sin embargo, muchas mujeres trabajan en condiciones precarias o carecen de agua y alimentos suficientes, lo que limita la recuperación.
Mientras algunos niños logran estabilizarse, el futuro sigue siendo incierto. El PMA necesita 390 millones de dólares para alimentar a seis millones de personas en el primer semestre de 2026, recursos que hoy no existen. En palabras de sus responsables, miles de madres afganas ven cómo el mundo les dio la espalda mientras sus hijos mueren de hambre.













