Monterrey, 23 de enero del 2026
La lesión de Bo Nix obligará a los Denver Broncos a depositar sus aspiraciones de Super Bowl en Jarrett Stidham durante el Juego de Campeonato de la AFC, un escenario que reaviva el debate sobre el peso real de los suplentes en instancias decisivas del deporte profesional.
Aunque el entrenador Sean Payton buscará proteger a su quarterback emergente y limitar los riesgos, la historia demuestra que depender de un relevo en postemporada suele ser una apuesta peligrosa. Si bien existen relatos memorables como los de Nick Foles con los Eagles en 2017 o Jeff Hostetler con los Giants en 1990, estos casos representan excepciones más que la norma.
Con mayor frecuencia, la ausencia de una figura clave termina por derrumbar proyectos campeones. Ejemplos recientes abundan: los Golden State Warriors vieron desmoronarse su dinastía en las Finales de la NBA de 2019 tras las lesiones de Kevin Durant y Klay Thompson, mientras que los Cleveland Cavaliers de 2015 quedaron limitados cuando Kyrie Irving y Kevin Love quedaron fuera, dejando solo a LeBron James.
Lesiones en momentos críticos también han definido destinos en años recientes. Tyrese Haliburton no pudo culminar el sueño de los Indiana Pacers tras romperse el tendón de Aquiles en unas Finales, y en la NFL, Brock Purdy quedó imposibilitado de lanzar en el Juego de Campeonato de la NFC 2023, condenando a los 49ers a una derrota sin respuesta.
Algunas ausencias incluso marcaron el rumbo de franquicias completas, como ocurrió con Derrick Rose y los Chicago Bulls en 2012, cuando una lesión temprana no solo acabó con una temporada prometedora, sino con una era entera de aspiraciones.
En este contexto, el relevo de Stidham abre dos caminos posibles para Denver: uno extraordinario, al estilo de los cuentos de hadas de la NFL, y otro mucho más común, donde una baja clave termina por cobrar un precio demasiado alto en la búsqueda del campeonato.













