Ciudad de México, 30 de enero del 2026
La Patagonia argentina atraviesa una de las peores emergencias ambientales de los últimos diez años debido a los incendios forestales que avanzan desde finales de diciembre y afectan extensas áreas de bosques nativos y parques nacionales, entre ellos Los Alerces. Ante la magnitud del desastre, el gobierno de Javier Milei declaró la emergencia ígnea, mientras que la provincia de Chubut, la más afectada, fue catalogada como zona de desastre.
Especialistas señalan que los siniestros tienen orígenes diversos. En el Parque Nacional Los Alerces, el fuego comenzó tras la caída de un rayo eléctrico en un área protegida, pero se salió de control el 1 de enero debido a altas temperaturas, sequía prolongada y anomalías térmicas. En contraste, en localidades como El Hoyo, Epuyén y Puerto Patriada, se registraron incendios intencionales con un comportamiento extremo, afectando tanto bosques exóticos como nativos.
La fauna silvestre se encuentra entre las principales víctimas. Especies emblemáticas como el huemul, el pudú, el puma, el monito de monte y diversas aves han visto fragmentado su hábitat o enfrentan dificultades para escapar del fuego. Algunos animales heridos o desorientados han llegado a zonas pobladas, mientras que otros, por su limitada movilidad, podrían no haber sobrevivido. El caso del monito de monte es especialmente crítico, ya que su alta mortalidad compromete la regeneración natural del bosque.
En este escenario, destaca la labor de brigadistas y rescatistas, quienes arriesgan sus vidas para contener las llamas, evacuar personas, proteger viviendas y rescatar animales domésticos y silvestres. Organizaciones civiles, veterinarios y fundaciones colaboran recolectando insumos médicos, alimentos y brindando atención a especies afectadas, ante la pérdida de pasturas y fuentes de alimento.
Las condiciones climáticas adversas —con temperaturas cercanas a los 29 grados, baja humedad y vientos intensos— complican las tareas de control. Además del daño inmediato, expertos advierten consecuencias a largo plazo como erosión del suelo, contaminación del agua y una lenta recuperación de los ecosistemas andino-patagónicos, lo que pone en riesgo la supervivencia de numerosas especies.













