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Cautiverio salva al achoque, ajolote endémico de Michoacán

Ciudad de México, 5 de febrero del 2026

En el corazón de Michoacán, el lago de Pátzcuaro alberga una de las especies más emblemáticas y vulnerables del país: el achoque, una de las 17 especies de ajolote reconocidas en México. Científicos del Instituto Mexicano de Investigación en Pesca y Acuacultura Sustentables (Imipas) llevan más de diez años trabajando en su preservación, con la meta de asegurar que esta especie no desaparezca de los cuerpos de agua donde es endémica.

El programa de conservación del achoque se centra en la reproducción controlada en cautiverio. En condiciones de laboratorio, los investigadores pueden reproducir hasta 50 mil crías, que son incubadas y cuidadas hasta alcanzar entre seis y siete meses de edad. Es precisamente este lapso el que garantiza que las crías desarrollen la resistencia suficiente para sobrevivir a los depredadores naturales, que incluyen carpas, peces blancos e incluso otros ajolotes, ya que los adultos de la especie son carnívoros y pueden alimentarse de ejemplares más jóvenes.

El investigador Daniel Hernández Montaño, del Centro Regional de Investigación Acuícola y Pesquera de Michoacán, subraya que este proceso no se limita a la reproducción masiva: también buscan estudiar la nutrición y el crecimiento del achoque para generar un manual destinado a acuacultores. Esto permitiría que la especie pueda cultivarse de manera controlada, siguiendo la normativa de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), sin poner en riesgo la población silvestre. Hernández destaca que el enfoque científico incluye mantener una cantidad controlada de adultos, para monitorear su ciclo de vida desde la etapa larvaria hasta juvenil y reducir la mortalidad natural de las crías.

Un aspecto crítico del programa es que solo los ejemplares originados de huevos recolectados en el lago de Pátzcuaro pueden ser reintroducidos al cuerpo de agua. Los descendientes nacidos de padres criados completamente en cautiverio no deben liberarse, pues al estar domesticados podrían afectar el equilibrio ecológico y la genética de la población silvestre. Esta medida está alineada con la Norma Oficial Mexicana NOM-059-Semarnat-2010, que protege a especies en riesgo bajo condiciones especiales.

En Michoacán existen dos especies endémicas de ajolote: además del achoque, se encuentra el ambystoma andersoni, conocido como “jaguar”, que habita la laguna de Zacapu y se distingue por sus motas negras. Ambas especies enfrentan amenazas graves. Entre los factores de riesgo destacan la introducción de especies invasoras, como peces predadores, la contaminación de los cuerpos de agua, el uso de tóxicos agrícolas, así como sequías y erosión que reducen la calidad y extensión de sus hábitats naturales.

Históricamente, la presión sobre estas especies también ha sido de origen humano. Durante décadas, los pobladores de la región consumieron al ajolote por su alto valor nutricional y supuestas propiedades curativas, lo que contribuyó a disminuir sus poblaciones en el lago. La combinación de factores ambientales y de presión antropogénica ha colocado al achoque bajo una categoría de protección especial, reforzando la importancia de los programas de conservación y reproducción controlada.

Gracias a los esfuerzos de Imipas, la ciencia mexicana ha logrado avances significativos en la preservación del achoque. El monitoreo constante, la educación ambiental y la colaboración con acuacultores locales buscan que las nuevas generaciones puedan conocer y valorar a este símbolo de biodiversidad, mientras se asegura su supervivencia en la naturaleza. Sin embargo, la labor continúa, y los investigadores recuerdan que la protección del hábitat y la reducción de amenazas externas son tan cruciales como la reproducción en cautiverio para mantener viva esta especie endémica.

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