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Apagones revelan el corazón de la crisis energética cubana

Ciudad de México, 9 de febrero del 2026

La electricidad es un elemento esencial para la vida cotidiana y el funcionamiento de cualquier nación. En la Cuba actual, su ausencia se ha convertido en una preocupación diaria para la población, que consulta el estado del Sistema Eléctrico Nacional como si se tratara de un parte meteorológico, con el fin de anticipar la duración y el horario de los apagones.

El periódico Granma publica diariamente reportes sobre la disponibilidad del servicio eléctrico, reflejo de una crisis que impacta de manera directa en la vida doméstica, los servicios básicos y la actividad económica. La situación se agravó luego de que la embajada de Estados Unidos emitiera una alerta por la inestabilidad energética y el desabastecimiento de combustible, advirtiendo afectaciones en agua potable, iluminación, refrigeración y comunicaciones, así como un posible aumento de protestas sociales.

Este escenario ha obligado al gobierno cubano a tomar decisiones drásticas, como informar a aerolíneas que en breve no podrá garantizar el suministro de combustible para aviones. Para especialistas como Rubén Campos Olmo, ingeniero eléctrico y directivo de la termoeléctrica de Matanzas, la crisis responde tanto a un déficit de generación como a problemas de despacho, mantenimiento y, de manera central, al impacto del bloqueo económico.

Campos explica que, aunque Cuba cuenta con más de mil megavatios de generación distribuida disponibles, la falta de diésel y fuel importados impide su aprovechamiento pleno. Además, el sistema prioriza sectores estratégicos, como explicó el presidente Miguel Díaz-Canel, al destinar energía a la producción económica, aun a costa de afectar a la población, con el objetivo de evitar un colapso mayor.

El Ministerio de Salud Pública mantiene prioridad en urgencias médicas, atención materno-infantil, tratamientos oncológicos y hemodiálisis. En este contexto, destaca el papel de la termoeléctrica Antonio Guiteras, una planta clave que aporta hasta 16 por ciento de la electricidad nacional, pese a operar más allá de su vida útil.

Sus trabajadores, organizados sindicalmente, han desarrollado una resistencia creativa, fabricando piezas de repuesto y sustituyendo importaciones ante las restricciones externas. Para sus directivos y obreros, la crisis energética es también una batalla política, marcada por la presión del gobierno de Donald Trump, pero enfrentada con organización, participación colectiva y la convicción de que Cuba ha superado desafíos similares en el pasado.

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