Monterrey, 18 de febrero del 2026
La figura de Sor Juana Inés de la Cruz continúa revelando nuevas aristas, ahora desde el ámbito de las artes plásticas, gracias a un estudio interdisciplinario realizado por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
La investigación se centra en el retrato que el pintor novohispano Miguel Cabrera realizó en 1750, 55 años después del fallecimiento de la escritora, ocurrido en 1695 en el Claustro de San Jerónimo. La obra, de 2.10 por 1.50 metros, forma parte del acervo del Museo Nacional de Historia Castillo de Chapultepec.
De acuerdo con Salvador Rueda Smither, director del recinto, Cabrera tomó como modelo un retrato previo del artista español Juan de Miranda, elaborado hacia 1713. En ambas imágenes, la llamada Décima Musa aparece alrededor de los 30 años, sentada, con un libro bajo la mano derecha y un rosario en la izquierda, en una composición que subraya su espiritualidad e inteligencia.
Estudio técnico y hallazgos
El óleo fue sometido a técnicas no invasivas para identificar materiales, pigmentos, aglutinantes y características de las pinceladas, con el objetivo de evaluar su estado físico-químico y definir estrategias de conservación.
Entre los resultados preliminares, Elia Botello Miranda, jefa de Restauración del museo, informó sobre la presencia de “pentimenti” o arrepentimientos, es decir, modificaciones realizadas por el propio Cabrera. Entre ellos destacan ajustes en el tamaño del tintero, cambios en la posición de la mano izquierda —que pasó de un gesto más devoto a uno más “galante”—, variaciones en el largo del hábito y alteraciones en los títulos de algunos libros del fondo.
El análisis continuará durante tres meses en un seminario interdisciplinario que procesará la información obtenida.
Más allá del retrato
Especialistas señalan que estudiar la imagen pictórica de Sor Juana permite profundizar en la comprensión de su figura histórica y literaria, más allá de su presencia en el billete de 100 pesos.
Para académicos como Salvador Calva Carrasco, la monja jerónima constituye uno de los pilares de la literatura mexicana y una voz fundamental en la tradición poética escrita por mujeres. En textos como la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, defendió el derecho femenino al conocimiento y enumeró a mujeres ilustradas de la historia para sustentar su postura.
Asimismo, en la llamada Autodefensa espiritual, dirigida a su confesor Antonio Núñez, cuestionó las críticas hacia su vocación intelectual y denunció las limitaciones impuestas por su condición de mujer.Hoy, en el contexto de las revisiones históricas y los debates sobre igualdad de género, la obra y la imagen de Sor Juana adquieren nueva vigencia. El análisis de su retrato no sólo contribuye a la conservación de un patrimonio artístico, sino también a la reflexión sobre su papel como referente cultural y precursora en la defensa del derecho de las mujeres al saber.












