Los Protocolos de los Sabios de Sión es un texto apócrifo y antisemita publicado por primera vez en 1903 en Rusia y modificado en 1905. Se trata de una obra calumniante que abreva de diversos elementos satíricos del S. XIX contra los judíos, quienes supuestamente buscan dominar el mundo incitando al odio en su contra. Funcionó para promover masacres contra este grupo religioso durante la Rusia zarista e impulsar diversas narrativas de odio en los gobiernos fascistas del S. XX.
El libro fue desenmascarado en 1921 como lo que es: un fraude; además, en 1935, un tribunal suizo lo declaró “fraude y libelo difamatorio”; no obstante, este texto fue tan popular que Henry Ford financió su distribución y los promotores del Holocausto lo usaban como una supuesta evidencia de un plan mayor donde los judíos querían controlar todo el planeta.
Este es un gran ejemplo del poder de las mentiras contra los esfuerzos de promover el derecho a la información, donde evidenciar las falsedades no bastó para que se generara un odio colectivo contra una minoría específica. Desgraciadamente, el ente sionista aprendió la lección y ahora busca que el mundo odie a Irán, Palestina, Yemen, Líbano y cualquier nación que atente contra sus intereses; ergo, no nada más ataca activamente a los países a su alrededor, desde hace años, se apropió de otro tipo de tácticas, como monopolizar el victimismo para legitimar “ataques preventivos” o genocidios disfrazados de “derecho a la defensa”.
Ahora, los medios de comunicación corporativos le lavan la cara a Israel, pero este esfuerzo multimillonario parece que no tiene el efecto deseado. A diferencia de lo ocurrido a principios del S. XX, las redes sociales y comunicadores independientes juegan un papel fundamental para proporcionar otra mirada a los múltiples conflictos que se desarrollan en Oriente Medio. Las reacciones son muchas y muy diferentes, lo que ha conducido a millones a preguntarse ¿qué es lo que sigue?
Por un lado, tenemos a EEUU e Israel actuando de manera más cínica, evidenciando que la “legitimidad popular” no es indispensable para sus proyectos coloniales en el S. XXI; por el otro, millones que desean una Palestina libre y un alto total a las hostilidades derivadas de los intereses petroleros de occidente, pero, ¿qué hacer cuando desenmascarar, señalar y condenar no basta?, ¿murió la diplomacia?, ¿qué propósito tienen las organizaciones mundiales si no pueden evitar que decenas de miles de niños mueran de manera violenta y prematura?
Por Joshua Hernández.









