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A su merced, la política.

De Alessandra Rojo de la Vega a Salinas Pliego: así va la construcción de oposición en México.

El pasado fin de semana, la alcaldesa de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega, encabezó una protesta de “resistencia”, en la que convocó a algunos cientos de ciudadanos que, preocupados por la “aplanadora” del morenismo, decidieron salir en defensa de la democracia, el sistema político que, según la oposición, estaría en detrimento por las políticas de la actual administración.

Y aunque durante todos estos días hemos sido testigos de un interminable debate sobre la cantidad real de personas que acudieron a la marcha de la también influencer, la discusión ahora debe centrarse en la construcción de una oposición que aprenda de los errores y pérdidas de los últimos siete años, pero que también comprenda los cambios fundamentales que ha traído el modelo del obradorato.

Ya quedó claro que, al tiempo que una inmensa mayoría de mexicanos apoya al gobierno de Claudia Sheinbaum, una parte importante de la población no se siente representada por Morena, este cuerpo político de dimensiones abrumadoras que ahora funciona más como un partido de Estado que como el movimiento que en su momento exigió un viraje en la visión de país.

La toma de las calles, algo que ya hacía Claudio X. González durante la gestión presidencial de Andrés Manuel López Obrador, ahora es replicada por Alessandra Rojo de la Vega en lo que pareciera ser más una calca de la histórica disidencia obradorista que un proyecto político en sí mismo.

En muchas ocasiones he insistido en que sí se necesitan contrapesos en todos los niveles de gobierno, pero conscientes y responsables. Convocar a marchas es un primer paso en la construcción de los mismos, pero el diablo está en los detalles, como diría la famosa Martha Debayle.

Si el proyecto de la oposición continúa en el estadio negacionista y berrinchudo de contestar a la política morenista, no saldrá del estancamiento de los triunfos en redes sociales, algo que ya quedó claro en la pasada elección presidencial: no se traduce en triunfos en las urnas.

Es necesario que el proyecto opositor sea capaz de desmarcarse del PRI de Alejandro Moreno, de la ridiculez de Sandra Cuevas y del show televisivo de Lilly Téllez, entre un cúmulo de voces, para que pueda marcar distancia de la política de Morena y construir un modelo de país que inspire y conecte con la población, no únicamente con los enojados de las redes sociales.

Mientras Alessandra toma las calles de su alcaldía, ¿se fortalece la ultraderecha?

Al tiempo que los pocos representantes de la oposición parecen seguir en línea recta la defensa de instituciones que sí tenían que ser cuestionadas y replanteadas —tales como el INE y el Poder Judicial—, quienes parecen aprovecharse son aquellos líderes de lo que ahora se denomina una “verdadera derecha”.

En la coyuntura de la administración Trump, vertiginosa en su discurso inflexible y políticas draconianas, ya emergen personajes que quieren emular el exitoso modelo del empresario de bienes raíces, quien se hizo de la presidencia estadounidense en dos ocasiones y que regresó más arrojado que nunca.

Ricardo Salinas Pliego, el polémico dueño de Grupo Salinas, ya alzó la mano para una candidatura presidencial en 2030, exaltando valores que no solamente tienen que ver con una derecha económica, sino también con políticas de retroceso en materia de derechos.

Sin dudar ni un segundo en usar la infraestructura mediática de TV Azteca, la cadena de televisión que forma parte de su grupo empresarial, Ricardo Salinas no ha dejado de hacer “guiños” al presidente argentino Javier Milei y a su homólogo salvadoreño Nayib Bukele. Estos dos últimos se identifican a sí mismos como líderes latinoamericanos de la extrema derecha, aquella que limita libertades y coarta al “wokeismo”, la forma en que denominan a todo pensamiento que abogue por la igualdad.

Al movimiento político que encabeza ahora Ricardo Salinas Pliego hay que ponerle atención. La venta de espejismos y de soluciones estridentes, cuya funcionalidad no está del todo probada, es la especialidad de la casa y, en 2030, podría convertirse en un dolor de cabeza para Morena y su proyecto, pero también para todos los mexicanos.

Por: Rodrigo Sánchez.

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