Por Emiliano Páramo

El otoño trae consigo cambios naturales que nos acompañan en el día a día. Las temperaturas frescas, el fenecer de las arboles tapizando de hojarasca los suelos aunado con la proximidad a la celebración del Día de muertos y el fin de año a la vuelta de la esquina nos recuerda la transitoriedad del tiempo, invitando a la nostalgia y la conmemoración.
Pero estos no son todos los regalos del otoño, pues al colocar un ojo atento durante estos días, no importa donde nos encontremos, desde un parque al interior de una habitación es muy probable notarse inusualmente acompañado por un animal en particular: las arañas.
La temporada de arañas ocurre durante la transición de verano a otoño, entre los meses de agosto y octubre, durante este periodo las actividades de las arañas se vuelven más intensas haciendo que sean más visibles para nosotros que en otros momentos del año.
Así como los entusiastas de la colecta de hongos tienen su “hongosto”, los apasionados de las arañas tienen el “aracnoctubre”, siendo el mejor mes para la observación y documentación fotográfica de estos fascinantes seres. Este fenómeno no ocurre por casualidad, la actividad de las arañas se ve influenciada por sus ciclos reproductivos.
Muchos grupos de arañas maduran sexualmente a lo largo del verano y se aparean en el otoño, de esta manera las hembras fecundadas pueden incubar sus huevecillos en sacos durante el invierno, los cuales eclosionan en primavera con la llegada de temperaturas más cálidas. No significa que de un momento a otro se multipliquen las arañas de un lugar determinado, si no que el estar más activas mientras buscan pareja hace que podamos notarlas con más frecuencia.
El aracnoctubre es justamente una oportunidad para observar, cuyas vertientes valen la pena de ser exploradas. En si mismo, tomarse un momento para notar las redes y arañas que nos están rodeando en un momento dado puede constituir un ejercicio contemplativo bastante sano para salir un poco del desajuste de la frenética vida post-moderna integrada a la multimedia digital, uno que demanda y explota nuestra atención como un recurso cuantificable en métricas como el tiempo de retención y los minutos de reproducción.
Repararse a mirar cualquier expresión de la naturaleza por el simple placer de observarla ofrece una tregua con la presión incesante de la productividad y su reloj auto impuesto, permitiéndonos recobrar control y sentido de nuestro tiempo.
Hay muchos motivos para poder aprecias a las arañas. Constituyen un grupo impresionante, son prácticamente ubicuas, fungiendo un rol ecológico importante en los ecosistemas terrestres como depredadores generalistas, incluso desde su mera base siendo actores relevantes en el mismo funcionamiento del suelo, regulando las poblaciones de otros organismos.
Para nosotros este papel es de gran utilidad pues algunos de los cuales pueden ser consideradas plagas bajo criterios humanos, por lo que se está explorando la aplicación de arañas en el control de plagas en sistemas agroecológicos experimentales. Su seda es una de las adaptaciones evolutivas más versátiles en el mundo animal, empleándola de maneras sorprendentes en un sin fin de usos. Además son uno de los taxones más antiguos y diversos de la vida terrestre, llevan caminado en esta tierra alrededor de 400 millones de años y pueden tener en una enorme variedad de colores, formas y comportamientos.
En México se han avistado aproximadamente con 5,400 de las cerca de 53 000 especies registradas hasta la fecha. Sin embargo, se puede decir con toda seguridad que el número real de arañas en el país es más elevado, ya que hay relativamente pocos aracnólogos para los cuales la diversidad de estos organismos representa un desafío enorme para recopilar y sistematizar.
Estamos viviendo una época de muchos cambios, paradójicamente muchas especies están desapareciendo a una velocidad más que alarmante. El ritmo de esta crisis de pérdida de biodiversidad supera nuestra capacidad para entenderla, aunque en su totalidad las arañas son un grupo robusto y diverso, si hay varias especies que están en peligro de extinción por causas antropogénicas.
Con el cambio climático, los inviernos se están volviendo más suaves y el calor del verano más intenso, pero aún no sabemos como es que estos cambios van a afectar las patrones de apareamiento de las arañas y sus subsecuentes relaciones ecológicas.
En este contexto, el ejercicio de la observación casual guarda un potencial poderoso para la documentación de la diversidad biológica en México y el entendimiento de su comportamiento. Hoy en día “Naturalista” ofrece una plataforma de ciencia ciudadana en la que no se necesita ser un científico especializado para contribuir. Aquí es posible subir observaciones fotográficas de arácnidos (y cualquier organismo), donde usuarios especialistas pueden asistir a la identificación del organismo como curadores en un formato de discusión de foro y de esta manera colaborar al conocimiento que tenemos sobre las arañas.
La ciencia necesita descentralizarle y ampliar su alcance para poder hacer frente a estos cambios vertiginosos. Armado con una cámara, acceso a internet y una plataforma, el mirar de una persona curiosa se torna una herramienta para la colectivización de la ciencia, mediante la inclusión y formación de una ciudadanía científica.
Desde luego que contemplar a las arañas en particular también abre ventanas para sensibilizarnos ante las vidas de lo no-humano. Incluso también a lo no-mamífero, o lo invertebrado (¿por qué no?) si se quiere hacer hincapié en la profundidad de las diferencias evolutivas que hay entre nosotros y los arácnidos en comparación con otros animales que por su carácter doméstico abrazamos en el círculo de nuestros afectos, como pueden ser perros y gatos.
Acercarse a esta otredad puede ser desafiante para algunos y con justa razón, la cultura las ha mitificado si, pero no siempre bajo la luz más positiva. En el México prehispánico han sido asociadas a figuras del inframundo, la propia raíz etimológica de la palabra araña viene del griego, donde el mito de “aracne” nos remite a la historia de una transformación monstruosa.
En el terreno concreto, la gran mayoría de las arañas poseen queliceros o “colmillos” capaces de inyectar veneno, aunque en México afortunadamente solo hay dos géneros de arañas considerados de importancia médica. Las arañas han sido consideradas monstruos, quizás un poco de esa concepción es lo que causa fascinación por ellas entre algunos pero indudablemente trae pavor y repulsión en muchos otros.
Poder ahondar y perpetrar sobre estos supuestos y mirar más allá, atrevernos a contemplar a estas criaturas por lo que son, seres bellos con vidas propias, dignas de ser respetadas y consideradas, nos abre la percepción para poder apreciar de manera diferente todo nuestro entorno. Hay quienes ven en el tejido de sus singulares telarañas, un trabajo diligente y una expresión directa de la arquitectura natural, la belleza con la que los seres vivos somos capaces de crear nuestro propio espacio. Inclusive otros aprecian esta red de seda como un símbolo de la conectividad e interdependencia presente en la danza transformativa de lo viviente y lo no viviente, cada quien es libre de jugar con sus propias apreciaciones.
Justamente ahí radica lo emocionante de intentar contemplarlas, porque en el mirar yace una potencialidad creativa inherente. Así como cada araña, cada red, es un ser y una construcción única en la faz de la tierra, representante de la otredad en su mundo arácnido, cada cabeza mirándola tiene dentro su propio mundo adentro (¿Si un árbol se cae en un bosque sin que nadie lo mire, realmente cayó?).
Observar es clave, el ejercicio nos puede llevar en los momentos más insospechados e inofensivos a reflexiones valiosas y potencialmente transformadoras. Constituye una práctica personal esencial con la que vamos construyendo nuestra concepción del mundo, donde cada contacto que tenemos con la naturaleza cimenta nuestro sentido de “identidad ecológica” y pertenencia al lugar que habitamos. Estos procesos invisibles son cruciales para formar una eco-ciudadanía políticamente activa conformada por seres que actúan de manera consciente y activa con respecto a su comunidad y entorno.
Todas estas posibilidades se encuentran al alcance de una mirada en lo que falta de este mes. Así que recalco la invitación para poder experimentar un octubre distinto, abrir bien los ojos ocho veces y disfrutar de una entrada al otoño más acompañada.








