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(D)escribo – Los peligros de tener una oposición tan débil.

Por: Joshua Hernández

Con sólo el 16% de representación en el Congreso y cuatro de los 32 gobiernos locales, Acción Nacional es el único partido detractor de la 4T que puede acceder a puestos de representación popular en las elecciones de 2027; sin embargo, su distanciamiento de la ciudadanía es letal para la democracia.

Encumbrar perfiles como Ricardo Anaya, Margarita Zavala, Maru Campos, Teresa Jiménez, Alessandra Rojo de la Vega, Lilly Téllez, América Rangel o incluso Ricardo Salinas Pliego hace ver, más que fortaleza y unidad, una desesperación inaudita en el partido fundado por Manuel Gómez Morín. Desde rifar teléfonos para sumar militantes, hasta clamar por el regreso de la guerra de Calderón, el ‘nuevo’ PAN da pena ajena. 

Pero lo más peligroso de todo es el efecto negativo que causa en Morena. Porque Regeneración Nacional no tiene que hacer mucho (de hecho, casi nada) para seguir ganando elecciones.

Mientras el PAN siga hablándole al mismo grupo electoral, invocando a la privación de derechos de las minorías y ponerle bótox a sus viejas figuras, Morena sólo debe repetir la fórmula de 2018, sin reflexionar formas ni fondos.

Y es en este constante ejercicio de repetir y repetir donde se crean dos grandes vicios. El primero y más evidente, no se innova ni se profundiza en lo que significa Morena como movimiento (no como partido), particularmente desde lo local. ¿Cuándo llegarán las jornadas de 40 horas semanales?, ¿cuándo se garantizará una vivienda accesible digna para jóvenes?, ¿habrá un sistema unificado de salud universal eficiente?, ¿cómo recuperar la soberanía de los metales preciosos?, ¿en algún momento México será un referente tecnológico regional?, ¿México romperá con el sionismo global y genocida?

El segundo, y más común cada vez es que, si el PAN pasa de la derecha a la ultraderecha, Morena se puede desplazar muy cómodamente a la derecha diciendo que es izquierda. Por eso (en los gobiernos locales es sumamente visible) es más común ver líderes que obstaculicen el ejercicio de los derechos humanos.

Puebla es un muy buen (mal) ejemplo. Para empezar, la candidatura estaba peleada entre primos: Ignacio Mier y Alejandro Armenta. Es decir, democracia con sabor a feudalismo. Después, cuando gana Armenta, promueve una ley para que nadie lo pueda criticar. Y ni qué decir del manejo del agua en el estado.

Otro ejemplo de feudalismo carnal es el de “qué pena apellidarte Monreal Ávila y no ser gobernador de Zacatecas”. En Chiapas, está el caso del “dato protegido”. En Sinaloa y Tamaulipas, la cercanía del narco al poder es peligrosísima.

A todo esto, se le suma que no existe ni un sólo perfil emanado del Instituto Nacional de Formación Política de Morena que le hayan dado una candidatura. En cambio, prefieren hermanarse con corruptos y familiares de pedófilos, pero eso sí, que les aseguran victorias en las urnas y victorias en votaciones decisivas.

En fin, todo esto tiene cabida porque, la alternativa a Morena es tan mala y tan necia que se lo dejan muy fácil: continuidad pragmática, abandono de los ideales y olvido de la posibilidad de profundizar, al fin y al cabo, el PAN sigue en picada.

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