Ciudad de México, 28 de noviembre del 2025
Los diagnósticos de trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) han alcanzado cifras récord en las últimas dos décadas, especialmente en países de altos ingresos, generando preocupaciones sobre la eficacia de los mecanismos de detección, los tratamientos disponibles y la comprensión de un padecimiento históricamente subestimado.
En el Reino Unido, los estudios muestran un aumento en la prevalencia del TDAH entre 2000 y 2018, con 255 diagnósticos por cada 10,000 habitantes, especialmente en adultos, aunque el incremento absoluto fue mayor en niños. De manera similar, en Estados Unidos, el 11.4% de los menores de 3 a 17 años ha recibido un diagnóstico de TDAH, mientras que el 10.5% todavía lo padece, según la Encuesta Nacional de Salud Infantil (NSCH) 2022. Sin embargo, alrededor del 30% de estos niños no recibe tratamiento especializado.
Expertos como Luis Rohde señalan que parte del aumento podría deberse a errores de diagnóstico, reportes inexactos de los padres y cambios en los criterios del DSM-5, que flexibilizó los síntomas necesarios para identificar el trastorno en adultos y niños. El TDAH se clasifica en tres tipos: inatento, hiperactivo-impulsivo y combinado, y los síntomas deben presentarse durante al menos seis meses en dos o más entornos, causando un deterioro significativo en la vida de la persona.
Otros factores que influyen en el incremento de diagnósticos incluyen la fácil difusión de información en redes sociales, que aumenta la conciencia sobre el trastorno, pero también puede generar sobrediagnósticos. Estudios recientes muestran que más de la mitad de los videos sobre TDAH en plataformas como TikTok son engañosos, y el aumento de las exigencias escolares y laborales podría llevar a que más personas superen el umbral clínico para el diagnóstico.
La prevalencia mundial se estima en 5.4% en niños y 2.6% en adultos, pero en países como Estados Unidos los números superan estas cifras, lo que genera debate sobre sus causas. Los expertos coinciden en que aún se necesita investigación adicional sobre el desarrollo y funcionamiento de los circuitos cerebrales asociados al TDAH, con el fin de identificar marcadores biológicos que mejoren el diagnóstico y tratamiento.
A pesar del aumento de diagnósticos, la ciencia reconoce que el TDAH ha sido históricamente considerado como un trastorno de menor gravedad, lo que dificulta el reconocimiento de su impacto real y la implementación de estrategias terapéuticas más efectivas.













