Monterrey, 5 de enero del 2026
Cinco extensos y vitales bosques de América Central, que se extienden desde el sur de México hasta el norte de Colombia, actúan como corredores esenciales para numerosas especies de aves migratorias. Esta conclusión proviene de un estudio reciente que analizó millones de registros de observación de aves recopilados a través de eBird, una de las mayores bases de datos de ciencia ciudadana en el mundo.
La investigación, liderada por la Wildlife Conservation Society (WCS) y el Laboratorio de Ornitología de Cornell, reveló que estos bosques sostienen entre el 10 % y el 46 % de las poblaciones globales de 40 especies de aves que se reproducen en Norteamérica y pasan la temporada invernal en América Latina y el Caribe. Entre los casos más preocupantes destaca la reinita cerúlea, cuya población ha disminuido un 70 % desde 1970. Más del 40 % de esta especie depende de estos bosques durante su migración de primavera, según Viviana Ruiz Gutiérrez, líder del Programa de Ciencia para la Conservación del Laboratorio de Ornitología de Cornell.
Los cinco bosques identificados son la Selva Maya (México, Belice y Guatemala), la Moskitia (Honduras y Nicaragua), Indio Maíz-Tortuguero (Nicaragua y Costa Rica), La Amistad (Costa Rica y Panamá) y el Darién (Panamá y norte de Colombia). Además, el estudio halló que estas áreas tienen conexiones críticas con bosques en el noreste de Estados Unidos, Ontario y Quebec, Minnesota, Wisconsin, el delta del Misisipi, los Apalaches y la región montañosa de Texas, donde las aves se reproducen.
Ruiz Gutiérrez enfatizó que los cinco bosques funcionan como refugios estratégicos en medio de un paisaje cada vez más fragmentado por la urbanización y la agricultura. Sin estos hábitats, muchas especies no tendrían dónde descansar ni protegerse durante sus desplazamientos entre Norteamérica y Centroamérica.
El equipo de investigación trabajó con más de 2 000 millones de observaciones aportadas por más de un millón de personas a la plataforma eBird. Gracias a herramientas de verificación y modelos avanzados de aprendizaje automático, lograron convertir estos registros en mapas precisos de distribución, abundancia y patrones migratorios. Sin embargo, señalaron que la falta de observadores en áreas remotas, así como la limitada información sobre aves marinas, sigue siendo un desafío importante.
El objetivo principal de este estudio es promover la cooperación internacional para la conservación de aves. Ruiz Gutiérrez subraya que el disfrute de observar estas especies en parques y bosques del norte depende directamente de la protección de sus hábitats en Centroamérica.
A pesar de su importancia, estos bosques han perdido entre un 5 % y un 30 % de su cobertura desde el año 2000, principalmente por ganadería ilegal, lo que coloca a millones de aves en riesgo. En Norteamérica, desde 1970 se han perdido 2 500 millones de aves migratorias de 419 especies. Por ello, la científica aboga por fortalecer la conservación a través de apoyo financiero internacional a largo plazo, fomentando la regeneración forestal, la agroforestería y la gestión sostenible en comunidades locales e indígenas.
Según la experta, comprender la magnitud de estas conexiones ecológicas es fundamental: “Vemos a las aves llegar y partir, pero pocas veces entendemos lo que eso significa para nuestro entorno. Este estudio ayuda a visibilizar esa realidad y a resaltar la urgencia de proteger estos bosques”.













