Monterrey, 7 de enero del 2026
El presidente Donald Trump ha programado una reunión con los principales ejecutivos de las compañías petroleras estadounidenses para la próxima semana, con el propósito de avanzar en lo que él mismo ha denominado “adueñarse” de los hidrocarburos de Venezuela. Esta iniciativa forma parte de un plan más amplio para apoderarse de los recursos naturales del país sudamericano, que va más allá del petróleo, e intenta frenar la creciente presencia económica de China en América Latina.
Lo más destacable de esta intervención estadounidense, comparada con casi dos siglos de intervenciones militares y políticas en la región y otras partes del mundo, es la honestidad con la que Trump ha expuesto sus motivaciones. No se trata de proteger la democracia, los derechos humanos ni de enfrentar amenazas de armas de destrucción masiva; el objetivo central, según el presidente, son los recursos energéticos y minerales estratégicos. Pocas veces se ha visto una acción imperial tan transparente en cuanto a sus motivaciones económicas.
Empresas como Chevron, ConocoPhillips y ExxonMobil han sido citadas por el secretario de Energía, Chris Wright, para coordinar cómo avanzar en la explotación de las enormes reservas petroleras de Venezuela. Para Chevron, que ha mantenido operaciones en el país desde la era de Hugo Chávez, esto representa una oportunidad concreta, lo que se reflejó en un aumento del 5% en sus acciones tras los anuncios de Trump. Otras compañías del sector también vieron incrementos en sus valores bursátiles, de hasta 9%, ante la expectativa de nuevos negocios en la región.
Sin embargo, algunas firmas actuarán con cautela, considerando los riesgos políticos y económicos. La inversión necesaria para reactivar la industria petrolera venezolana es multimillonaria, mientras que el precio del crudo está en uno de sus niveles más bajos por la sobreproducción global. Por ello, se evalúa ofrecer incentivos, subsidios o garantías gubernamentales para atraer a las compañías estadounidenses, aunque aún no se ha precisado cuánto dinero público se destinaría a este fin.
Trump ha dejado claro que su intención es avanzar rápidamente, estimando que la producción petrolera de Venezuela podría aumentar en 18 meses, aunque reconoce que la inversión requerida será astronómica, con cálculos que superan los 100 mil millones de dólares. A pesar de la reticencia de algunas empresas, la Casa Blanca asegura que todas están preparadas para invertir en la reconstrucción de la infraestructura petrolera, que ha sufrido un notable deterioro bajo el gobierno de Nicolás Maduro.
Además del petróleo, la administración estadounidense muestra interés en otros recursos estratégicos de Venezuela y América Latina. Expertos militares y económicos han alertado sobre la extracción de recursos por parte de adversarios internacionales, especialmente China, bajo la apariencia de inversión. Este mismo argumento ha sido utilizado por Trump para justificar su intervención en la región, incluida la ocupación de recursos en Groenlandia, enfatizando la necesidad de asegurar estos activos estratégicos.
La presencia china en América Latina es un factor determinante para la política estadounidense. China se ha convertido en el principal socio comercial de la región, con un comercio bilateral que superó los 500 mil millones de dólares en 2024. Además, ha firmado importantes contratos energéticos con Venezuela y ha invertido miles de millones en su industria petrolera, convirtiéndose en el actor económico más influyente del subcontinente.
En conclusión, queda en evidencia que la prioridad para Estados Unidos no son la lucha contra el narcotráfico, la promoción de la democracia o la defensa de los derechos humanos, sino asegurar el acceso a petróleo, minerales críticos y frenar la expansión económica de China en América Latina.








