A menos de 12 horas del anuncio de un alto al fuego entre Estados Unidos e Irán, Israel lanzó una de las ofensivas más intensas contra Hezbolá en Líbano desde el inicio del conflicto el pasado 2 de marzo, dejando claro que la tregua no se extiende a territorio libanés.
En cuestión de minutos, la aviación israelí atacó más de un centenar de objetivos, incluyendo centros de mando y posiciones militares en Beirut, el sur del país y el valle de la Becá. La ofensiva impactó también zonas densamente pobladas, provocando víctimas civiles y escenas de destrucción.
Entre los episodios más graves se encuentra un ataque en Saida que dejó varios muertos y heridos en una zona concurrida, así como bombardeos en barrios de la capital donde equipos de rescate buscan sobrevivientes entre los escombros. Hospitales libaneses han solicitado donaciones urgentes de sangre ante la magnitud de la emergencia, mientras organismos humanitarios reportan un alto número de víctimas.
El escenario diplomático es confuso. Mientras mediadores internacionales aseguran que el cese al fuego debería aplicarse en toda la región, el gobierno encabezado por Benjamín Netanyahu sostiene que el acuerdo no incluye a Líbano. Por su parte, Yair Lapid ha criticado la exclusión de Israel de las negociaciones, calificándola como un error político.
Desde Hezbolá, el silencio operativo se mantiene, aunque han advertido que responderán si continúan los ataques, lo que podría escalar aún más el conflicto con el respaldo de Irán y sus aliados.
Tras cinco semanas de enfrentamientos, la crisis humanitaria se agrava: miles de personas han muerto o resultado heridas, y más de un millón han sido desplazadas, generando presión sobre comunidades y servicios básicos.
En paralelo, Israel plantea establecer una zona de seguridad en el sur del Líbano hasta el río Litani, lo que despierta temores de una ocupación prolongada. Mientras tanto, el gobierno libanés ha mostrado disposición a dialogar directamente, aunque sin respuesta hasta ahora por parte israelí.








