Monterrey, 29 de enero del 2026
Más de tres décadas después de haber realizado su primera película, Guillermo del Toro regresó al Festival de Cine de Sundance para rendir homenaje al espacio que dio nueva vida a Cronos cuando parecía no tener futuro. Antes de convertirse en uno de los cineastas más influyentes del cine contemporáneo, el director mexicano, entonces en sus veintitantos, logró filmar su ópera prima con grandes dificultades y escaso respaldo institucional.
Aunque Cronos fue reconocida en Cannes, el proyecto no despertó interés real hasta su exhibición en Sundance en 1994, donde finalmente encontró público, compradores y agentes. Por ello, Del Toro volvió a Park City para presentar una versión restaurada del filme y compartir con la audiencia reflexiones personales sobre el paso del tiempo, la fe, el horror y la memoria.
Previo a la proyección, el realizador recordó que atravesaba un duelo familiar y que sentía la necesidad de regresar al lugar donde, según sus palabras, nació una parte esencial de quien es hoy. También rememoró lo complejo que fue financiar la película, la falta de apoyo del Instituto Mexicano de Cinematografía y las condiciones precarias con las que asistieron a Cannes, pese a haber ganado un premio histórico para México.
Del Toro subrayó la relevancia de Sundance como un festival dedicado al cine independiente, especialmente en un momento en que esta edición marcará el final de su etapa en Park City. Dirigiéndose a los jóvenes cineastas presentes, compartió una de sus lecciones de vida: que una carrera profesional se construye mientras uno hace otros planes.
Al mirar atrás, el director explicó que a los 26 años su intención no era hacer cine fuera de México, sino contar historias locales inspiradas en los grandes mitos del terror y en su propia biografía. Sin embargo, las deudas derivadas de Cronos lo llevaron a aceptar oportunidades inesperadas en el extranjero, lo que terminó redefiniendo su trayectoria.
Durante su charla, también habló de episodios clave de su formación artística, como el impacto de la educación católica y la relación con su abuela, elementos que influyeron profundamente en el imaginario de Cronos. Para Del Toro, el horror fue desde la infancia una herramienta para comprender el mundo, una forma honesta de enfrentar la violencia, el miedo y la muerte.
Finalmente, recordó cómo Sundance volvió a cruzarse en su camino años después, cuando desarrolló El espinazo del diablo en los laboratorios del instituto, un espacio que —destacó— apoya a los creadores sin prejuicios de género, siempre que tengan algo significativo que decir. Así, su regreso al festival no solo celebró el pasado, sino también el espíritu creativo que marcó el inicio de su carrera.













