Ciudad de México, 18 de febrero del 2026
El reverendo Jesse Jackson, fallecido este martes, dejó una huella profunda en la política y los movimientos sociales de Estados Unidos. Su legado conecta el movimiento de derechos civiles encabezado por su mentor Martin Luther King Jr. —a cuyo lado estuvo cuando fue asesinado en 1968— con las luchas progresistas contemporáneas, incluida la elección de Barack Obama y el ascenso del senador Bernie Sanders.
Fundador de la Coalición Arcoíris, Jackson impulsó una visión amplia de justicia económica y social, articulando alianzas entre afroestadunidenses, latinos, sindicalistas, ambientalistas, comunidades religiosas y jóvenes. Fue pionero en exigir que el Partido Demócrata adoptara posturas más firmes en temas como los derechos palestinos, la defensa de trabajadores y la oposición a políticas como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, al que consideraba perjudicial para obreros y campesinos.
En 1984 y 1988 buscó la candidatura presidencial demócrata, convirtiéndose en el primer afroestadunidense en competir con fuerza en primarias nacionales y obteniendo más de siete millones de votos. Con su consigna “Keep Hope Alive”, movilizó sectores históricamente marginados y obligó al partido a girar hacia posiciones más progresistas.
Su activismo trascendió fronteras: fue figura clave contra el apartheid, promovió la diplomacia ciudadana y sostuvo encuentros con líderes como Fidel Castro, facilitando liberaciones de prisioneros y diálogos inéditos. También respaldó movimientos democráticos en América Latina y defendió la autodeterminación de los pueblos.
Para muchos líderes actuales, fue mentor y guía moral. Su vida simboliza la perseverancia en la lucha por la igualdad racial, la justicia social y la construcción de amplias coaliciones transformadoras.








