Ciudad de México, 24 de febrero del 2026
Este martes se cumple el cuarto aniversario desde que el presidente ruso, Vladimir Putin, ordenó iniciar su “operación militar especial” en Ucrania. Tras cuatro años de conflicto, Rusia no ha logrado sus objetivos iniciales, mientras Ucrania sigue resistiendo con el apoyo de armamento y recursos proporcionados por sus aliados europeos y Estados Unidos.
Los objetivos de Moscú incluyen la liberación de las regiones de Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia, la desnazificación de Ucrania, el desarme de su ejército, impedir su ingreso a la OTAN, obligarla a declararse país neutral y desnuclearizado, y modificar leyes para favorecer a la minoría de origen ruso. A pesar de contar con más soldados y armamento, Rusia no ha podido imponer estas condiciones.
Por su parte, Ucrania intenta frenar al ejército ruso y golpear infraestructuras dentro de Rusia mediante drones y misiles fabricados localmente. La estrategia se basa en que la capacidad de resistencia ucraniana supere la financiación militar de Moscú, mientras la guerra se ha transformado en un conflicto de desgaste.
El conflicto también es de narrativas: Rusia acusa a Occidente y la OTAN de incumplir promesas de no expansión, y justifica su acción alegando la defensa del pueblo ruso, su idioma y cultura, además de prevenir bases extranjeras cerca de su frontera. Ucrania sostiene que la destitución de Viktor Yanukovich fue legítima y que los muertos señalados por Rusia como “genocidio” corresponden a la guerra civil de 2014-2015.
El costo humano es altísimo: cientos de miles de muertos, más de medio millón de heridos graves, incluyendo amputaciones e invalidez. Las consecuencias económicas y sociales golpean a ambos países: Rusia sufre por las sanciones y la disminución de reservas, mientras Ucrania enfrenta invierno, falta de agua, electricidad y problemas para reclutar soldados.
Aunque ambos desean la paz, ninguna de las partes quiere ceder para no parecer perdedora. Las negociaciones en Estambul, Abu Dabi o Ginebra no han producido avances significativos. Analistas consideran que, en lugar de un tratado de paz, se prevé más devastación y muertes en el futuro cercano.













