Monterrey, 12 de marzo del 2025
El arquitecto chileno Smiljan Radić fue distinguido con el Premio Pritzker de Arquitectura 2026, reconocimiento considerado el más importante en el ámbito de la arquitectura a nivel mundial. El galardón destaca una trayectoria caracterizada por proyectos que combinan arte, experimentación y una profunda reflexión sobre la relación entre los espacios construidos y la vida humana.
Originario de Santiago de Chile, Radić ha desarrollado una propuesta arquitectónica que se aleja del protagonismo mediático y de las obras espectaculares. Su enfoque privilegia la exploración de ideas vinculadas con la fragilidad, la temporalidad y el diálogo entre distintos materiales y disciplinas.
Hijo de padre croata y madre británica, el arquitecto ha señalado que parte importante de su formación surgió de experiencias fuera del ámbito académico. Tras enfrentar dificultades durante sus estudios, decidió profundizar en la historia y viajar por distintas regiones del mundo, proceso que considera clave en su desarrollo profesional.
En 2017 fundó la organización Arquitectura Frágil, iniciativa con la que promueve una visión de la arquitectura centrada en la preservación, la temporalidad y la capacidad de adaptación de los espacios construidos. En su obra es frecuente encontrar contrastes entre lo industrial y lo artesanal, lo natural y lo artificial o lo permanente y lo efímero.
El primer encargo relevante de Radić llegó en 1995, cuando la escultora Marcela Correa le solicitó diseñar su estudio. Con el tiempo ambos formarían una pareja y desarrollarían diversos proyectos en conjunto, incluida una vivienda en la localidad chilena de Vilches.
A lo largo de su carrera, el arquitecto ha realizado obras en distintos países, desde Suiza y Albania hasta el Reino Unido y España. Entre sus proyectos más destacados se encuentran el Teatro Regional del Biobío en Concepción, inaugurado en 2018, así como el pabellón temporal diseñado para la Serpentine Gallery de Londres en 2014.
Su arquitectura se caracteriza por una fuerte conexión con el entorno natural y cultural de cada lugar. En proyectos como la Casa Pite, en la costa chilena, el diseño responde a factores como el viento y el paisaje, mientras que en el restaurante Mestizo, en Santiago, se priorizó la integración con el entorno.
El jurado del premio, presidido por el también arquitecto chileno Alejandro Aravena, destacó que la obra de Radić transmite “inteligencia emocional, fragilidad y empatía”, cualidades que generan espacios capaces de ofrecer protección y experiencias significativas a quienes los habitan.
Con este reconocimiento, el Premio Pritzker de Arquitectura vuelve a resaltar propuestas que buscan replantear la función social de la arquitectura y su vínculo con el entorno, una visión que Radić ha defendido a lo largo de su trayectoria profesional.








