El presidente de Donald Trump anunció la ampliación del alto el fuego con Irán, aunque mantendrá el bloqueo y la presión militar hasta que concluyan las բանակցaciones entre ambas naciones. La decisión, explicó, responde también a solicitudes de mediación de Pakistán.
El mandatario indicó que ordenó a las fuerzas armadas permanecer en estado de alerta mientras espera una propuesta unificada por parte del gobierno iraní. No obstante, sus declaraciones reflejaron una postura ambivalente, al señalar que preferiría una acción militar si no hay avances en el diálogo.
Por su parte, Teherán decidió retirarse temporalmente de las negociaciones, argumentando falta de garantías por parte de Washington. Además, condicionó su regreso a que se levante el bloqueo sobre sus puertos, al que considera un acto hostil.
En medio de la tensión, autoridades iraníes advirtieron que responderán de inmediato ante cualquier nuevo ataque. Incluso, el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica amenazó con afectar la producción petrolera regional si se lanzan ofensivas desde países del Golfo.
Mientras tanto, en Teherán, se realizaron demostraciones públicas en las que se exhibió armamento, incluidos misiles, como señal de capacidad militar. Esto contrasta con afirmaciones de Trump, quien aseguró —sin pruebas— que gran parte del poder militar iraní ha sido destruido, versión que ha sido matizada por informes del Pentágono.
El conflicto también tiene implicaciones estratégicas en zonas clave como el estrecho de Ormuz, cuyo control es fundamental para el comercio energético global.
En el plano diplomático, actores internacionales como China y la Organización de las Naciones Unidas han respaldado los esfuerzos de mediación y valorado la extensión de la tregua como una oportunidad para reducir tensiones.
A pesar de ello, persiste la incertidumbre sobre el futuro de las conversaciones, en un contexto marcado por amenazas, sanciones económicas y desconfianza entre ambas partes.







