Tiros al ángulo izquierdo.

Por René González

Tigres, un momento de definición.

Comparto estas líneas no sin antes advertir que bajo cualquier escenario o circunstancia y pase lo que pase en los próximos días y semanas con nuestros queridos Tigres de la UANL, siempre estaremos para apoyar al equipo auriazul en la cancha: incondicionalmente. No se confunda la crítica fraterna y constructiva con los reventadores que suelen aflorar en épocas de crisis.

Hoy Tigres enfrenta una época de turbulencias, quizá como no se vivía desde los años aciagos del descenso, después de la “década de oro” y los 5 campeonatos de liga (2011-2019) logrados con Ricardo “Tuca” Ferreti. “No se vayan a caer” advirtió precisamente el Tuca al recoger sus cosas personales en el Estadio Universitario en mayo de 2021. La frase nos remite al comienzo de una serie de decisiones de la directiva que inauguraron un espiral que ha implicado un desfile de técnicos, la salida en malos términos de figuras históricas del equipo empezando por el propio Tuca, Siboldi, Carioca, Aquino, (a la fecha no se sabe a ciencia cierta qué ocurre con Gignac), algunas jugadoras emblemáticas de Tigres femenil, y todo ello en la actualidad desemboca en la salida por motivos no estrictamente deportivos del entrenador Guido Pizarro. Con este recuento no nos negamos al inevitable “cambio de ciclo” sino a la manera en que se han manejado las cosas.

Desde la desatinada disposición de otorgar la presidencia del equipo a un directivo ajeno a la idiosincrasia del club, de apellido Culebro, que dejó el cargo apenas el 1° de junio tras cinco años de gestión, se ha ido desmantelando el equipo en el plano deportivo, privilegiando el negocio como centro de flotación institucional. 

Lo más “destacado” de 2021 a la fecha no han sido los campeonatos ni los logros deportivos, sino los proyectos de marketing, que han transitado desde acompañar la demagógica promesa de un gobernador ilusionista de construir un supuesto nuevo estadio para Tigres (del cual solo existe el render); cambiar de televisora, que solo condujo a dejar el horario tradicional de los sábados para el desarrollo de los partidos de local; cambiar de marca de cervecería; abrir franquicias de negocios en el estadio, y pensar que al igual que ocurre con los Sultanes de beisbol lo atractivo puede ser un modelo de terraza de espectáculos, cantina y conciertos, todo esto no es negativo en sí, pero se está olvidando que Tigres si tiene una gran y verdadera afición al fútbol, la mejor, la más noble y la incomparable de todo México.

Decía Jorge Valdano “La emoción vinculada al futbol tiene tres grandes impulsores: el sentido de pertenencia, la incertidumbre del resultado y la posibilidad artística”, Tigres ha combinado las tres, la identidad, estilo de juego y la certeza de que no se trata de ganar de todas todas, sino de dejar todo en la cancha. Por ello lo primero es el respeto a la afición que significa la base de la pirámide. 

Repensar el futuro de Tigres desde la esencia, ojalá sea la nueva perspectiva, y en la esencia primero está lo deportivo, sin éxito deportivo el éxito comercial será pasajero, hasta que la afición se canse; quizá incluso por pragmatismo los directivos de Tigres deberían evaluar sus pasos recientes, y permitir que el amor a la camiseta, y el perfil Tigre, sigan creciendo y consolidándose como lo que ha sido en sus momentos luminosos de ejemplo nacional. 

Que no se piense -como ha reflexionado también Valdano- en los aficionados como simples clientes. Vendrá un nuevo momento de definición, no solo de cambio de entrenador, sino de nuevos paradigmas, refrendar las condiciones que han funcionado, y reinventar las necesarias.

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