El lobo gris mexicano (Canis lupus baileyi), especie que históricamente habitó amplias regiones del norte y centro de México y el suroeste de Estados Unidos, enfrenta nuevamente un escenario de riesgo. Tras décadas de persecución por conflictos con la actividad ganadera, fue declarado extinto en vida silvestre en ambos países durante la década de 1970.
A partir de entonces, Estados Unidos y México pusieron en marcha programas de conservación que incluyen reproducción en cautiverio, intercambio de ejemplares, monitoreo y reintroducción. El objetivo es mantener una población genética conjunta y reducir las muertes provocadas por actividades humanas.
En México participan la Semarnat, Conanp, Profepa y la Dirección General de Vida Silvestre, mientras que en Estados Unidos intervienen el Servicio de Pesca y Vida Silvestre y autoridades de Arizona y Nuevo México.
Sin embargo, la protección de la especie enfrenta nuevas presiones políticas. Durante su primer mandato, Donald Trump impulsó su salida de la lista de especies protegidas por la Ley de Especies en Peligro de Extinción (ESA), aunque un tribunal anuló aquella decisión.
El año pasado, el congresista republicano Paul Gosar presentó el proyecto HR 4255, que propone retirar al lobo mexicano de la protección federal y separar las poblaciones de México y Estados Unidos. La iniciativa argumenta la necesidad de proteger los intereses económicos y la seguridad de las familias ganaderas, principalmente en la frontera.
El proyecto fue aprobado en enero por el Comité de Recursos Naturales de la Cámara de Representantes, aunque todavía no tiene fecha para ser discutido por el pleno. A ello se suma una orden ejecutiva reciente de Trump que busca reducir las medidas de protección y favorecer al sector ganadero.
Organizaciones ambientalistas cuestionan la medida. Western Watersheds Project considera que el impacto de los lobos sobre la ganadería es reducido frente a otros problemas que enfrenta el sector, mientras que Wolf Conservation Center recuerda que los ganaderos pueden recibir compensaciones por pérdidas ocasionadas por depredación y acceder a programas de prevención.
El programa de recuperación ha permitido aumentar la población. En Estados Unidos se contabilizaban 319 lobos en libertad hasta finales del año pasado, aunque especialistas advierten que la cifra todavía es insuficiente debido a los problemas genéticos y la fragmentación de las poblaciones.
En México se contabilizaban oficialmente entre 30 y 35 ejemplares, aunque nuevas liberaciones realizadas en Chihuahua y Durango podrían elevar la cifra a poco más de 40.
La presidenta Claudia Sheinbaum recordó que el lobo mexicano es una especie en peligro de extinción y subrayó que, por su carácter transfronterizo, México y Estados Unidos deben mantener una coordinación para garantizar su conservación.


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