Alrededor de 450 mil personas participaron en las protestas estudiantiles realizadas en 30 ciudades de Francia, de acuerdo con la estimación del grupo intersindical. El movimiento involucró a 891 liceos de los cerca de 3 mil 700 que existen en el país, según informó el titular de Educación. A las movilizaciones se sumaron sindicatos, padres de familia y académicos, quienes acompañaron a los estudiantes con el propósito de mantener la jornada pacífica después de los enfrentamientos registrados anteriormente entre manifestantes y fuerzas de seguridad.
El contexto de las protestas ha generado cuestionamientos hacia el gobierno francés por una presunta represión policial. El Ministerio del Interior informó que durante la jornada fueron detenidas 488 personas y que 43 integrantes de las fuerzas de seguridad resultaron heridos. Desde el comienzo del movimiento, las autoridades contabilizan 215 estudiantes heridos, 85 trabajadores docentes y 715 policías, además de más de 6 mil 500 detenidos.
Ante la tensión, el primer ministro Sébastien Lecornu anunció la suspensión de clases durante el resto de la semana como una medida para intentar reducir el conflicto. El presidente Emmanuel Macron convocó también a una reunión de emergencia con Lecornu y el ministro de Educación, Édouard Geffray, para analizar la situación.
En Saint-Denis, suburbio de París, el alcalde Bally Bagayoko intervino durante una protesta para pedir a los policías que detuvieran las agresiones contra los manifestantes. Paralelamente, la policía abrió una decena de investigaciones internas por posibles abusos cometidos durante las movilizaciones, entre ellos un caso ocurrido en Metz que quedó registrado en video.
El descontento estudiantil tiene antecedentes en el cuestionamiento al sistema Parcoursup, utilizado para el acceso a la educación superior y señalado por algunos sectores como elitista y poco transparente. También influyó el desempeño de estudiantes franceses en el informe PISA, que registró su nivel más bajo desde 2000.
Las protestas tuvieron eco en Bélgica, donde estudiantes de escuelas francófonas se movilizaron en Lieja, Bruselas y Mons contra el costo de la educación superior, la falta de espacio en las aulas y las extensas jornadas escolares.
En Estados Unidos, Donald Trump interpretó las protestas francesas como consecuencia de una supuesta migración masiva y las vinculó con el islam, rechazando que el conflicto estuviera relacionado principalmente con las escuelas.



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