México figura entre los países con mayor preocupación por el acceso y la permanencia en una vivienda, según una encuesta de la OCDE, junto con Chile y España. La ansiedad por tener un techo propio golpea con más fuerza a los jóvenes: casi 8 de cada 10 mexicanos entre 18 y 29 años temen no poder pagar una vivienda digna.
El problema no es solo generacional, sino también estructural. México se ubica entre los países con vivienda más cara en proporción al ingreso, de acuerdo con el FMI. Esto se debe, en parte, a los efectos de la pandemia, el regreso de la inflación y un mercado inmobiliario que ha duplicado su ritmo de encarecimiento desde 2020. El costo promedio de una vivienda en el país supera el millón 800 mil pesos, pero se requiere un ingreso mensual de al menos 60 mil pesos para acceder a un crédito con condiciones mínimas.
La situación se agrava con esquemas de evasión patronal y subregistro salarial, que limitan el acceso a créditos del Infonavit o bancarios. Trabajadores como Ana Martínez, que cotizan con salario mínimo a pesar de ganar más, se encuentran excluidos de la posibilidad de comprar una casa, aun después de años de cotización.
Además, quienes logran financiarse enfrentan un dilema: adquirir en la periferia y sacrificar calidad de vida y tiempo de traslado, o continuar pagando rentas elevadas en zonas céntricas.
La OCDE advierte que esta crisis de vivienda está generando tensiones entre generaciones y podría tener implicaciones económicas y sociales profundas si no se implementan políticas que regulen el mercado, fortalezcan la seguridad social y hagan más accesible la vivienda para las nuevas generaciones.


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