Existe un dicho romano, supuestamente del Siglo II A.C., que señala lo mal visto que es la traición para el imperio y, a pesar de tener más de 2 mil 200 años de antigüedad, hay perdidos de la historia que ingoran estas palabras e insisten en apuñalar a los suyos a cambio de un poco de beneficios.
De acuerdo con la historia, Viriato fue un líder lusitano que se opuso a las campañas de dominio romanas en Hispania. Por sus éxistos militares, se le llegó a considerar como ‘El Terror de Roma’ y, para poderse desacer de él, Quinto Servilio Cepión sobornó a tres oficiales hispanos (Audax, Ditalco y Minuro) para que lo asesinaran.
La encomienda fue realizada cuando Viriato dormía y, cuando los traidores fueron a cobrar su recompensa, el procónsul romano les dijo “Roma traditoribus non praemiat” (Roma no paga traidores). Este capítulo de la guerra se considera apócrifo y/o modificada para hacer quedar bien la nobleza de Roma durante los conflictos; sin embargo, el punto es simple: el imperio va a solicitar la ayuda de traidores para continuar con sus campañas de conquista y sumición, pero va a despreciar a los traidores que los ayuden.
Hay gente que no entiende, se niega a entender o cree que el imperio ahora sí los va a tratar bien, pero se equivocan. Roma ya no es el centro del imperialismo, es Estados Unidos (EEUU) y se encuentra reclutando traidores, muchos, pues domar a América Latina requiere de esfuerzos mayúsculos; al menos, para fines prácticos de esta tarea, ya cuenta con dos presidentes: el que se puede reelegir por siempre y el que regaló su agua a Israel.
En México, afortunadamente, los traidores aún no llegan a la silla presidencial, pero están cerca: empresarios, políticos (opocitores y oficialistas), empresarios que se sienten políticos, comunicadores, actores de telenovelas y cuanta alimaña siga saliendo de las cloacas. Todos ellos ponen sus ambiciones personales por encima de la soberanía mexicana. ¡No se les debe permitir que sigan adelante!
Las banderas rojas son muchas y ya las vimos todos. El punto es: ¿qué se puede hacer para detenerlos? Primero, dejar de adular a estas figuras; después, detectar sus intereses y sabotearlos (si son políticos, no votar por ellos; si son comunicadores, dejar de escucharlos; si son empresarios, no consumir lo que produzcan y condenar a quien lo haga) y; finalmente, exigir a las autoridades que actúen contra ellos, porque entre infiltrados y opositores, desarticular a los traidores es tarea del Estado mexicano. De lo contrario, vendrán por nosotros cuando durmamos.
Por Joshua Hernández.


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