El Kremlin estima una reunión de hasta 7 horas entre ambos líderes, con encuentros bilaterales, negociaciones económicas y una posible conferencia de prensa conjunta.
El gobierno ruso confirmó este viernes que la esperada cumbre entre el presidente Vladimir Putin y su homólogo estadounidense Donald Trump, que se celebrará en Anchorage, Alaska, podría extenderse entre seis y siete horas. De acuerdo con el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, el encuentro contempla una reunión privada entre ambos mandatarios, negociaciones con sus delegaciones respectivas y, si todo marcha según lo previsto, una conferencia de prensa conjunta.
Peskov aseguró a medios estatales rusos que el cronograma incluye además encuentros paralelos de corte económico, posiblemente durante un almuerzo de trabajo entre funcionarios de alto nivel de ambos gobiernos.
Del lado ruso, Putin estará acompañado por una delegación de peso: el canciller Serguéi Lavrov, el ministro de Defensa Andrei Belousov, el titular de Finanzas Anton Siluanov, y Kirill Dmitriev, director del fondo soberano de Rusia. Por parte de Estados Unidos, Trump será respaldado por sus secretarios de Comercio y Tesoro, Howard Lutnick y Scott Bessent, así como por el secretario de Exteriores, el senador Marco Rubio.
La reunión ha despertado altas expectativas no solo por su duración y nivel de representación, sino por sus posibles repercusiones. Peskov no descartó que, si la cumbre en Alaska es “productiva”, se pueda abrir la puerta a una futura reunión entre Putin y el presidente ucraniano Volodimir Zelenski, algo que hasta ahora parecía lejano.
“Esta cumbre tiene que dar resultados concretos”, afirmó el vocero del Kremlin. “Será un día intenso, con una agenda cargada, pero el objetivo es claro: avanzar”.
El posible cara a cara entre Putin y Zelenski, aún sin fecha ni sede definida, dependerá del tono y los acuerdos alcanzados en Alaska. En ese sentido, Peskov recalcó que Rusia espera un diálogo constructivo con Estados Unidos como antesala para cualquier acercamiento con Ucrania.
La cumbre de Anchorage se perfila así como un momento crucial no solo para las relaciones entre Washington y Moscú, sino para el curso del conflicto en Ucrania y la posibilidad, aún lejana, de sentar a todas las partes en una misma mesa.








