Monterrey, 26 de enero del 2026
El próximo lanzamiento de Artemis II, la primera misión tripulada que orbitará la Luna desde el histórico Apolo 17, programado para el 6 de febrero, marca el inicio de una etapa completamente nueva en la exploración espacial. Esta fase no solo busca profundizar el conocimiento científico, sino también abrir la puerta a un creciente desarrollo socioeconómico en el entorno lunar.
Gustavo Medina Tanco, investigador del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM, explica que la expansión económica vinculada al espacio ya ha comenzado en las órbitas cercanas a la Tierra, y que el siguiente paso natural es trasladarla hacia otros cuerpos del sistema solar, siendo la Luna el primer punto de contacto en esta transición.
A diferencia del programa Apolo, que hace más de medio siglo operaba bajo un contexto de Guerra Fría y estrictamente controlado por Estados, Artemis se desarrolla en un escenario totalmente distinto. Hoy, la carrera por la Luna involucra a potencias como Estados Unidos y China, pero también a empresas privadas de gran envergadura, como las de Elon Musk y Jeff Bezos, así como a alianzas internacionales. En este marco, la Luna deja de ser únicamente un destino y se concibe como una plataforma logística para futuras expediciones interplanetarias.
Medina Tanco compara este momento con la expansión que vivió la humanidad hace 500 años con el descubrimiento de América, subrayando que la exploración lunar podría generar profundas transformaciones sociales y económicas, así como debates sobre legislación espacial, gobernanza de recursos y responsabilidad internacional. “El sector espacial está en un momento histórico, estamos viendo una especie de revolución”, enfatiza.
La Luna, el cuerpo celeste más cercano a la Tierra, cuenta con una superficie comparable a la de un continente y concentra recursos estratégicos, como el helio-3, un isótopo poco común en nuestro planeta pero abundante en el regolito lunar, con un alto potencial para la energía de fusión nuclear. Esto la convierte en un territorio clave para el futuro energético de la humanidad.
Durante las misiones Apolo, regresar a la Luna de manera sostenible era imposible debido a los altos costos y la limitada tecnología de la época. Hoy, aunque Artemis II no establecerá un modelo económico lunar, sí busca sentar las bases tecnológicas que permitan que ese modelo sea viable en el futuro.
Según la NASA, Artemis II constituye la primera prueba de vuelo tripulada dentro de la campaña Artemis, y su principal objetivo es crear las condiciones científicas y tecnológicas necesarias para mantener una presencia humana más allá de la órbita terrestre. Esta misión sigue a Artemis I, lanzada en noviembre de 2022 sin tripulación, y precederá a Artemis III, que planea el regreso a la superficie lunar, y Artemis IV, enfocada en la construcción de la estación lunar Gateway, que servirá de soporte para exploraciones más profundas.
Un elemento central de Artemis II es evaluar la nave Orión en condiciones de vuelo tripulado hacia el espacio profundo y asegurar su regreso seguro a la Tierra. Orión está equipada con protección frente a la radiación solar, tecnologías avanzadas de soporte vital y sistemas confiables de comunicación, lo que permitirá establecer estándares para futuras misiones a Marte.
Medina Tanco destaca que la visión actual no se limita a “ir, plantar una bandera y regresar”, sino a crear una presencia lunar sostenida, con estaciones orbitales, misiones recurrentes a la superficie, hábitats humanos, robots y una infraestructura que permita aprender a vivir y trabajar en la Luna. En este sentido, nuestro satélite natural se perfila como un laboratorio fundamental donde la humanidad ensayará su expansión más allá de la Tierra.













