Monterrey, 26 de enero del 2026
La segunda edición de los Monster Music Awards reunió la semana pasada en el Teatro Metropólitan a artistas de distintas generaciones y géneros, consolidándose como una propuesta incluyente dentro del panorama de premiaciones musicales. Con solo dos entregas, el evento se ha posicionado como un espacio alternativo para creadores que suelen quedar fuera de los circuitos tradicionales.
Durante casi siete horas, se reconocieron más de 40 categorías y se reforzó una idea central: la música sigue siendo una vía poderosa para narrar realidades distintas y ofrecer otras miradas frente al contexto social que atraviesa el país.
Este proyecto independiente nació con el objetivo de visibilizar tanto a talentos emergentes como a artistas consolidados, sin limitar edades, estilos ni trayectorias. La convocatoria se abrió a propuestas de Hispanoamérica y comunidades latinas en Estados Unidos, lo que dio como resultado una ceremonia diversa, donde convivieron jóvenes en formación con músicos de larga experiencia.
A diferencia de otros premios, los Monster Music Awards no jerarquizan géneros. En una misma noche se reconocieron expresiones que van del regional mexicano y el mariachi al pop, rock, hip hop, música urbana, electrónica, indie y música cristiana, reflejando la pluralidad actual de las audiencias y la necesidad de nuevos espacios de legitimación artística.
En esta edición participaron proyectos provenientes de México, Colombia, Perú, España y Estados Unidos, incluidos artistas de comunidades marcadas por contextos sociales complejos, donde hacer música también implica resistencia.
Uno de los reconocimientos más comentados fue el otorgado al periodista René Franco, quien destacó la importancia de mantenerse vigente y de seguir impulsando el talento en un entorno mediático en constante cambio.
Más allá de los premios, la ceremonia subrayó un mensaje recurrente: la música como herramienta frente a la violencia. Un ejemplo fue la nominación de Patrick Magaña, joven artista originario de Apatzingán, Michoacán, cuya propuesta indie pop fue interpretada como una muestra de cómo la creación artística puede convertirse en una forma de expresión y esperanza en regiones golpeadas por la inseguridad.
La gala concluyó cerca de la medianoche y dejó claro que los Monster Music Awards funcionan más como un retrato de la escena musical contemporánea que como una simple premiación: un espacio diverso, fragmentado y profundamente conectado con la realidad social, donde distintas voces se reúnen para seguir creando, pese a las adversidades.








