El Gobierno de Estados Unidos decidió aliviar parcialmente las sanciones impuestas desde 2017 contra instituciones financieras de Venezuela, en un contexto de acercamiento entre ambas naciones.
La medida fue anunciada por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), que autorizó a empresas estadounidenses a realizar ciertas operaciones con bancos estatales venezolanos, incluyendo el Banco Central de Venezuela, el Banco de Venezuela, el Banco Digital de los Trabajadores y el Banco del Tesoro.
A partir de ahora, se permitirán transacciones como apertura y manejo de cuentas, préstamos, transferencias, seguros y uso de tarjetas, siempre que no involucren a personas o entidades con sanciones adicionales. Sin embargo, las restricciones no se eliminan por completo, ya que continúan bloqueados activos y otras operaciones específicas.
Este cambio ocurre tras la captura del presidente Nicolás Maduro en un operativo estadounidense, lo que llevó a que Delcy Rodríguez asumiera el poder de forma interina. Desde entonces, Rodríguez ha buscado mejorar la relación bilateral y fomentar la inversión extranjera.
Analistas consideran que la decisión abre la puerta a una participación limitada de empresas estadounidenses en la economía venezolana, especialmente en sectores estratégicos, aunque bajo condiciones estrictas y controladas.
En paralelo, el gobierno venezolano ha impulsado reformas para facilitar la inversión internacional en áreas como energía y minería, en línea con las condiciones planteadas por la administración de Donald Trump.







