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Cuba brindó atención a niños afectados por tragedia de Chernóbil

A cuatro décadas del desastre nuclear de Accidente de Chernóbil, resurgen historias de los miles de menores que fueron atendidos en Cuba como parte de un programa humanitario impulsado tras la catástrofe.

Uno de ellos es Roman Gerus, originario de Ucrania, quien viajó en varias ocasiones a la isla para tratar una enfermedad en la piel derivada de la exposición a la radiación. Su experiencia, lejos de sentirse hospitalaria, estuvo marcada por actividades recreativas, convivencia y contacto con la naturaleza, lo que recuerda con especial afecto.

El programa, promovido por el gobierno cubano durante la administración de Fidel Castro, se desarrolló entre 1990 y 2011 en la zona costera de Tarará, cerca de La Habana. En ese periodo, más de 26 mil pacientes —en su mayoría niños provenientes de Ucrania, Rusia y Bielorrusia— recibieron atención médica gratuita.

El complejo contaba con hospitales, escuelas, áreas recreativas y acceso a la playa, lo que permitía combinar tratamientos médicos con actividades al aire libre. Los pacientes presentaban diversas afecciones, desde cáncer y parálisis cerebral hasta problemas dermatológicos y trastornos psicológicos.

Los menores eran organizados según la gravedad de sus padecimientos, con estancias que variaban desde varias semanas hasta meses. Algunos recibían atención intensiva, mientras que otros participaban en programas más preventivos o de recuperación general.

Testimonios como el de Gerus destacan que factores como el clima, el sol y el entorno contribuyeron a mejorar su salud. En su caso, asegura que su padecimiento desapareció tras las visitas a Cuba, donde además de tratamiento médico, disfrutó de actividades recreativas y educativas.

Sin embargo, el programa también enfrentó cuestionamientos, especialmente en torno a los criterios de selección de los beneficiarios, en un contexto donde muchas familias afectadas no podían costear alternativas de atención tras el colapso de la Unión Soviética.

A pesar de ello, la iniciativa es recordada de manera positiva en varios países de Europa del Este, donde persiste un sentimiento de agradecimiento hacia el apoyo brindado por Cuba en medio de una crisis sanitaria y económica.

La experiencia de estos niños refleja tanto las secuelas humanas del peor accidente nuclear de la historia como los esfuerzos internacionales por mitigar sus efectos en las generaciones más jóvenes.

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