Ciudad de México, 24 de febrero del 2026
Hace unos meses, las filas en las farmacias de La Habana se llenaban desde la madrugada, ya que los ciudadanos esperaban conseguir los escasos medicamentos disponibles. Actualmente, la situación ha empeorado y la distribución de fármacos se ha vuelto irregular, lo que obliga a muchos cubanos a recurrir al mercado negro para adquirir lo que necesitan.
Entre los medicamentos desaparecidos se encuentran antibióticos, analgésicos, pastillas anticonceptivas y tratamientos para enfermedades crónicas como la hipertensión y la diabetes. Además, fármacos antes considerados esenciales para embarazadas, como el ácido fólico, el fumarato ferroso, el carbonato de calcio y las vitaminas prenatales, también han desaparecido de los anaqueles estatales.
Miriam Céspedes, estomatóloga jubilada, explicó que los medicamentos controlados, es decir, los que requieren receta médica, no llegan de manera regular a las farmacias, lo que representa un problema grave para los pacientes que dependen de ellos a diario. Entre los productos más afectados se encuentran enalapril, atenolol, propranolol y amlodipino para los hipertensos, así como metformina, insulina y glibenclamida para los diabéticos.
Para sortear la escasez, algunos recurren a grupos de Facebook o WhatsApp, donde los fármacos se venden a precios elevados. Estos productos pueden ser traídos de países como India, China o República Dominicana, o incluso producirse en fábricas nacionales, aunque forman parte de la distribución regulada mediante receta médica.
Esta semana, varias farmacias de la capital comenzaron a recibir algunos medicamentos que llevaban meses desaparecidos, como atenolol y sertralina, aunque su disponibilidad sigue siendo limitada. Los antibióticos se agotan rápidamente y, según el carpintero Cirio Castellanos, los que llegan “no alcanzan para todos”, evidenciando la persistente crisis de abastecimiento en la isla.
La irregularidad en la distribución de medicamentos refleja la dificultad de acceso a tratamientos esenciales, obligando a la población a buscar alternativas fuera del sistema oficial, mientras esperan que la llegada de fármacos se normalice.








