Por: Joshua Hernández.
En la guerra nadie gana. Hollywood nos malacostumbró a pensar en las guerras como el recurso final como promotor de la libertad o cualquier otro valor por el cual vale la pena morir; sin embargo, no es cierto, siempre han sido intereses políticos y económicos. Ahora, el cinismo de Donald Trump nos permite reflexionar al respecto.
Lejos de entender el conflicto promovido por Estados Unidos (EEUU) e Israel en Irán como un acto más del imperialismo, quiero hacer énfasis en que, mientras EEUU inició la guerra con un interés meramente petrolero y de dominio regional, el país persa, que llevaba preparándose por más de 40 años, se planteó una guerra de resistencia.
Lo que demuestra que EEUU no gana si se juega la carta del capitalismo en su contra. Irán no se preparó para arrasar con las tropas y flotillas estadounidenses; Irán se preparó para hacer que el lobby de defensa evidenciara su inutilidad en la bolsa.
Ahora, se entiende el paradigma del sistema, donde la eficacia, si no es rentable, no es eficacia. En otras palabras, lo que entendió Irán fue que el sistema económico de EEUU fue su misma trampa, detectó el fallo y lo explotó. Ahí radica la «no victoria» estadounidense. Pero tampoco podemos decir que ya es una victoria para Irán. Por mucho que se lamente, Israel está en pie, y si esto es así, Irán, ni ningún otro país de la región que busque su soberanía, estará a salvo.
No es nada despreciable demostrar que el dragón puede sangrar y lo que hizo Irán es una demostración de supremacía estratégica, pero con este conflicto, se pinta el único panorama para el diseño de las guerras venideras, porque ahora, además de iniciar con el asesinato de más de 180 niñas en una escuela, estarán hechas para durar y asfixiar, pero no se trata de poner ciudades o Estados bajo sitio de manera tradicional, como en Cuba, sino de un nuevo sitio, en el que se realizarían ataques esporádicos y sólo para recordar que el conflicto sigue vigente.
Aquí la pregunta es si EEUU aprendió la lección y en caso de que así sea, ¿No es demasiado tarde para una nación cuya deuda oscila los 40 billones de dólares y tiene comprometido gran parte de sus ingresos tributarios ante el lobby de defensa? Eso sin contar que aún es chantajeado por Israel.







