Home / Columna de opinión / Educar para el país que viene, no para el que se nos fue.

Educar para el país que viene, no para el que se nos fue.

Por Rafael Páramo.

México tiene una deuda enorme con la educación. No hay ninguna forma de negarlo. Durante años hemos hablado de escuelas dignas, inclusión, tecnología, salud mental y abandono escolar como si fueran pendientes administrativos, cuando en realidad son grietas que definen el futuro de millones de niñas, niños y jóvenes.

Por eso conviene mirar con atención lo que ocurre en Nuevo León con la nueva Ley de Educación. No desde el aplauso automático, sino desde una pregunta ciudadana: ¿esta reforma ayuda a preparar a los estudiantes para el México que viene? Al menos en intención, la respuesta parece positiva.

La ley incorpora temas que durante mucho tiempo fueron tratados como accesorios y no como parte esencial de la formación: inclusión, salud mental, educación socioemocional, pensamiento crítico, transformación digital, modalidades flexibles y educación dual. En otras palabras, reconoce algo básico: educar ya no puede reducirse a transmitir información. La escuela también debe entender el contexto en el que vive cada estudiante.

Ese punto es clave. Un niño no aprende igual si llega con hambre, miedo, ansiedad o violencia en casa. Una adolescente no permanece en la escuela si no encuentra condiciones para seguir estudiando. Un joven difícilmente competirá en el mundo laboral si nunca tuvo contacto con herramientas tecnológicas o con modelos de formación vinculados a la realidad productiva.

Ahí está el cambio de enfoque más relevante. La educación deja de verse solo como aula y pizarrón, y empieza a entenderse como desarrollo integral. Académico, sí, pero también emocional, físico, social y tecnológico.

La inclusión como eje transversal también merece atención. En un país donde demasiados estudiantes quedan fuera por discapacidad, pobreza, origen social o rezago, poner la inclusión en el centro no es un gesto amable. Es una obligación. La pregunta, por supuesto, será cómo se implementa. Porque las leyes pueden sonar muy bien en papel, pero la verdadera prueba está en el presupuesto, la capacitación docente, la infraestructura y la evaluación.

Lo mismo ocurre con la transformación digital. Hablar de tecnología en educación es necesario, pero insuficiente. No basta con mencionar dispositivos, plataformas o herramientas digitales. El reto será enseñar a usarlas con criterio, ética y sentido. En tiempos de inteligencia artificial, desinformación y automatización, formar pensamiento crítico es tan importante como enseñar matemáticas o lectura.

También destaca la educación dual y la vinculación productiva. Para un estado industrial como Nuevo León, conectar escuela y empleo puede ser una ventaja real si se hace bien. Pero debe cuidarse que no se convierta en mano de obra temprana y barata. La educación debe abrir caminos, no encasillar destinos.

El compromiso de iniciar su implementación en agosto vuelve el tema más urgente. Si se hace con seriedad, podría marcar una diferencia. Si se queda en ceremonia, será otra promesa bonita en el archivo de buenas intenciones.

La deuda educativa de México no se resolverá con una ley estatal, pero sí puede empezar a enfrentarse con modelos que entiendan el tamaño del desafío. Nuevo León, al menos, está intentando poner sobre la mesa una conversación necesaria: educar para la vida real. Y eso importa. Porque el país que viene exigirá niñas, niños y jóvenes con más herramientas, más criterio y más oportunidades.

La educación no cambia todo de un día para otro. Pero sin educación, nada cambia de verdad.

Deja un comentario

Descubre más desde Latitud 23

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo