La situación en el estrecho de Ormuz se agravó tras un intento de Estados Unidos por facilitar el tránsito de buques comerciales en medio del bloqueo impuesto por Irán. La operación, denominada “Proyecto Libertad”, derivó en enfrentamientos, ataques y una creciente retórica bélica entre ambas naciones.
El presidente Donald Trump anunció el despliegue de fuerzas militares para “guiar” embarcaciones atrapadas en la zona, considerada clave para el comercio energético mundial. Sin embargo, Irán respondió con acciones militares, incluyendo el lanzamiento de misiles que obligaron a un buque estadounidense a retirarse, según reportes citados por medios iraníes.
La tensión aumentó aún más cuando Teherán atacó por primera vez durante la tregua a Emiratos Árabes Unidos, impactando con un dron una instalación petrolera en Fujairah y provocando daños materiales y heridos. Además, se registraron ataques contra embarcaciones en la zona y el lanzamiento de misiles, algunos de los cuales fueron interceptados por sistemas de defensa aérea.
Ambas partes han intentado mostrar control sobre la estratégica vía marítima, mientras se intensifica la guerra de declaraciones. Irán advirtió que cualquier fuerza extranjera que intente ingresar al estrecho será considerada un objetivo militar, mientras que Trump elevó el tono al amenazar con “borrar de la faz de la Tierra” al país si continúan las agresiones.
El conflicto ha dejado a cientos de barcos mercantes varados en la zona, afectando gravemente el flujo global de petróleo y gas, ya que una parte significativa del suministro energético mundial depende del paso por Ormuz.
En medio de la escalada, líderes internacionales han llamado a la contención. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, propuso una solución negociada entre ambas naciones para reabrir el estrecho de forma segura y sin restricciones.
La situación refleja un punto crítico en la región, con riesgos de una confrontación mayor que podría tener repercusiones económicas y geopolíticas a nivel global.







