El Estadio Banorte enfrentará un fuerte impacto financiero rumbo al Copa Mundial de la FIFA 2026, luego de que su administración acordara pagar 62.4 millones de dólares a la FIFA para resolver un problema relacionado con los dueños de palcos.
La controversia surgió porque, durante las negociaciones iniciales, no se informó sobre la existencia de contratos vigentes por hasta 99 años con propietarios de estos espacios exclusivos. De haberse revelado, el estadio habría estado en riesgo de perder su lugar como sede, ya que la FIFA exige recintos sin compromisos comerciales previos durante el torneo.
Para corregir la situación, la empresa operadora del inmueble asumió el costo para garantizar que los dueños de palcos puedan acceder a los partidos sin pagar adicionalmente, respetando sus derechos adquiridos.
Sin embargo, esta decisión tendrá consecuencias para los aficionados. Como parte de su estrategia para recuperar el dinero, el estadio planea comercializar paquetes de hospitalidad con precios muy elevados durante el Mundial. Estos incluirán alimentos y bebidas, con costos que podrían alcanzar cientos de miles de pesos por partido.
Representantes de los palcohabientes han criticado esta medida, considerándola una represalia indirecta. Incluso, junto con actores políticos, impulsan iniciativas para permitir el ingreso de comida y bebida a eventos masivos, buscando frenar lo que consideran prácticas abusivas.
En caso de que estas estrategias no generen los ingresos esperados, la administración del estadio contempla alternativas como aumentar capital o adquirir financiamiento adicional. Mientras tanto, la organización del Mundial en México ya enfrenta tensiones económicas y legales antes de su arranque.







