En medio de las devastadoras inundaciones que golpearon Nepal la semana pasada, un grupo de estudiantes logró sobrevivir gracias a una coincidencia: se encontraba fuera del salón durante el descanso para el almuerzo cuando el agua arrasó su escuela en el distrito de Dhading.
Lakshmi Shrestha, madre de uno de los alumnos, relató que los maestros ordenaron a los menores abandonar el plantel y dejar atrás sus mochilas y loncheras. Para las familias, esta decisión fue determinante para evitar una tragedia mayor. La mayoría de los estudiantes de la institución logró sobrevivir y algunos regresaron posteriormente con sus familiares para recuperar sus pertenencias entre los restos del inmueble.
La emergencia, sin embargo, ha causado graves daños al sistema educativo. De acuerdo con Save the Children, al menos 69 escuelas de los distritos afectados fueron destruidas o sufrieron daños, poniendo en riesgo la educación de aproximadamente 19 mil niños.
El desastre, originado por una enorme riada en el municipio de Rasuwa, también dejó un saldo de 804 personas fallecidas, 788 en Nepal y 16 en el Tíbet, además de más de 3 mil desaparecidos, mientras los equipos de emergencia continúan con las labores de búsqueda y recuperación.
La magnitud de la destrucción también plantea un enorme desafío económico. El ministro nepalí de Relaciones Exteriores advirtió que la reconstrucción podría costar varios miles de millones de dólares y solicitó ayuda de la comunidad internacional para hacer frente a las consecuencias de la catástrofe.
Mientras continúan las labores de rescate, el distrito de Chitwan, reconocido por sus bosques y ríos, se convirtió en escenario de entierros masivos de cientos de víctimas que aún no han podido ser identificadas. Sus cuerpos fueron arrastrados por el aluvión y recuperados posteriormente.
Las autoridades justificaron esta medida ante el riesgo que representa la rápida descomposición de los cadáveres para la salud pública. La emergencia deja así una doble crisis: miles de familias buscan a sus seres queridos mientras comunidades enteras enfrentan la pérdida de viviendas, infraestructura y escuelas.








