El avance de la inteligencia artificial (IA) en la creación literaria ha generado controversias y motivado iniciativas para identificar los libros escritos por personas. Durante la edición 78 de la Feria del Libro de Frankfurt, celebrada del 7 al 11 de octubre, autores, editores y especialistas debatieron sobre la transparencia en los procesos creativos y presentaron distintos sistemas de certificación en países como Alemania, Francia y Reino Unido.
Estas propuestas surgieron en medio de polémicas relacionadas con presuntos usos de IA en obras literarias. Uno de los casos más comentados fue el del escritor haitiano-canadiense Thélyson Orélien, acusado en redes sociales de emplear esta tecnología para escribir su primera novela, C’était ça ou mourir. El autor rechazó las imputaciones y atribuyó los ataques al racismo. La controversia coincidió con la exclusión de su obra de la selección del prestigioso premio Goncourt de Francia.
En Francia, la plataforma de autoedición Librinova impulsa una etiqueta de “creación humana”. Para obtenerla, los autores deben someter sus textos a un programa detector de IA y posteriormente explicar su proceso de escritura ante un auditor. Hasta el momento, alrededor de 200 obras han recibido esta certificación.
En Reino Unido, la iniciativa Books By People ofrece otro distintivo basado en el concepto de literatura orgánica. Su reglamento exige que el autor escriba la obra, aunque permite usos limitados de IA, como la corrección ortográfica y gramatical. Cinco editoriales independientes se han sumado al proyecto.
Por su parte, la asociación estadounidense Authors Guild lanzó el sello “escrito por un humano”, que funciona mediante una declaración de los propios autores. Cerca de 6 mil 500 libros cuentan con esta identificación.
Sin embargo, la eficacia de estos mecanismos continúa en discusión. Algunos especialistas consideran que los criterios no siempre delimitan con claridad qué usos de IA son aceptables, mientras otros advierten que los controles podrían eludirse. Además, las herramientas de detección no necesariamente resuelven las dudas sobre la autoría.
Otra controversia involucró a la novela de terror Shy Girl, de Mia Ballard. La editorial Hachette canceló su publicación en Estados Unidos y retiró el libro del mercado británico tras acusaciones de uso de IA. Ballard negó haberla utilizado para escribir, aunque reconoció que una persona contratada para editar la obra sí recurrió a esa tecnología.
Ante este panorama, Sebastian Guggolz, representante de la Asociación de Editores y Libreros de Alemania, señaló que no basta con clasificar los libros como escritos con o sin IA. El desafío, sostuvo, consiste en establecer prácticas transparentes que permitan comprender cómo se utiliza esta tecnología en cada etapa de la creación literaria.



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