Por: Redacción Latitud 23.
Ciudad de México, 14 de Octubre 2025.
Este sábado tuvo lugar la primera “marcha por el clima, la vida y el futuro”, una protesta socio ambiental convocada por jóvenes activistas de distintas organizaciones en la Ciudad de México.
Los contingentes marcharon a lo largo de Reforma partiendo de la Estela de Luz hasta el Monumento a la Revolución para exigir justicia climática, ambiental y un alto a la violencia que enfrentan los pueblos que se encuentran luchando por la defensa del territorio.
Se hicieron denuncias al genocidio en Palestina, los casos de Homero Gómez, Eugi Roy, así como a los 43 normalistas de Ayotzinapa, como ejemplos de la brutalidad con la que se manifiesta la feroz lógica colonial del modelo económico actual que azota en México y el mundo.
Consignas como: “Ballenas, sí. Saguaro, no” “Ni un grado más, ni una especie menos” y “Vecino callado, será gentrificado” expresaban en su variedad de temáticas la ínter-relación entre luchas aparentemente desconectadas como pueden ser la justicia climática global, la organización comunitaria frente a la gentrificación, la resistencia del pueblo de Gaza, la oposición al proyecto Saguaro en el Golfo de California, etc.
Entre los grupos aliados y convocantes sonaban nombres como “Asamblea Ecologista Popular”, “Decrecimiento México”, “Rebelión científica”, declarando con convicción que la lucha ambiental es y será inseparable de la justicia social y la búsqueda de la dignidad humana. En conjunto denunciaban también la cooptación de la lucha ambiental y climática realizada por empresas y proyectos extractivistas, como una manera de limpiar su responsabilidad en la degradación ecológica del país.
Estos llamados nacen desde un grito generacional, abogando por la esperanza de construir nuevas formas de vivir fuera de un sistema patriarcal, colonialista y neoliberal. Como su título indica, se hacía muy presente la noción de que el punto de unión entre las luchas es realmente el de salvaguardar la vida, donde la protección de los ecosistemas: el agua, los suelos y todas sus formas de vida, son figuras dignas de su propio bienestar y consideración moral, el cual es crucial para poder habitar un futuro más luminoso y justo para todos.








