Monterrey, Nuevo León 24 de octubre 2025.
A poco más de un año de su lanzamiento, el programa ESCUDO, anunciado por el alcalde Adrián de la Garza como una nueva estrategia de seguridad para Monterrey, muestra resultados que contrastan entre la estadística y la percepción ciudadana.
Presentado como un modelo de “seguridad inteligente”, el operativo prometía mayor vigilancia, más tecnología y una presencia policial reforzada en toda la ciudad. Sin embargo, los números oficiales y las experiencias de los ciudadanos ofrecen una lectura menos optimista.
Según reportes de medios nacionales, en los últimos meses el programa ha registrado 14,414 detenciones por faltas administrativas, 2,090 detenciones por delitos —de las cuales 842 son de alto impacto—, además del aseguramiento de 368 vehículos relacionados con hechos delictivos y la recuperación de 270 autos robados.
Pese a estas cifras, la inseguridad sigue siendo una de las principales preocupaciones de los regiomontanos. De acuerdo con encuestas de percepción, más del 60% de los habitantes de Monterrey se sienten inseguros, el doble del promedio estatal. En contraste, municipios como San Pedro y San Nicolás muestran avances notables bajo esquemas de coordinación con el Gobierno estatal y la Nueva Fuerza Civil, que ha consolidado su posición como la policía estatal más confiable del país, según la ENVIPE y la ENSU del INEGI.
Un ejemplo del desequilibrio entre discurso y resultados ocurrió durante un operativo en bares del centro de Monterrey, donde el programa ESCUDO dejó ocho detenidos y cuatro establecimientos clausurados por irregularidades, entre ellas la portación de armas, posesión de droga y falta de medidas de seguridad.
Analistas señalan que, aunque las cifras de detenciones son altas, el modelo municipal se ha centrado más en acciones reactivas que en prevención o reducción del delito, lo que genera la percepción de que el Escudo “solo blinda el discurso, no la ciudad”. Mientras tanto, la política estatal basada en la estrategia Presencia Total —que prioriza la coordinación, inteligencia y presencia permanente en zonas urbanas y rurales— ha logrado una reducción sostenida de delitos de alto impacto en el resto del estado.
El contraste es claro: mientras Nuevo León avanza hacia su mejor año en materia de seguridad desde 2010, Monterrey continúa rezagado. La diferencia, señalan expertos, marca la frontera entre gobernar con visión o administrar el caos con anuncios.








